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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 596

Tomás se quejaba, aunque al mismo tiempo intentaba convencerse de que no estaba tan mal.

—Ay, Tomás, Tomás... ¿qué habrás hecho para terminar con esta vida? No cualquiera aguantaría algo así.

Su voz resonó en la sala privada, oscura y silenciosa.

Con los ojos cerrados y una sonrisa cínica en los labios, se veía tan patético que por momentos hasta daba lástima.

Gloria detuvo el movimiento de sus manos.

—Señor Mendizábal, por favor acuéstese boca abajo. Le toca el masaje de espalda.

—Sigues estando muy chiquita —dijo Tomás quitándose la camisa antes de acostarse—. Si yo le contara estas cosas a cualquier otra mujer, enseguida querría sacarme provecho. Conmigo, tendrían la vida resuelta. A todas mis mujeres siempre les aviento un par de cientos de miles de pesos para que se vayan contentas...

Él seguía hable y hable, pero Gloria ya había agarrado su maletín y había salido volando de ahí.

La verdad era que no tenía idea de cómo dar un masaje de espalda, y si lo intentaba, su teatro se iba a caer a pedazos.

Además, ya la estaban esperando afuera de la sala.

Se acomodó el cabello, se quitó el cubrebocas al entrar a los vestidores, se cambió de ropa a toda prisa y se preparó para huir.

Apenas cruzó la puerta de salida de los empleados, escuchó unos gritos a lo lejos.

—¡Me ven la cara de idiota o qué! ¿Me cambian a la masajista así nomás? ¿Dónde diablos está la muchacha de hace rato? ¡Vayan por ella, quiero que ella me dé el masaje!

Era evidente que Tomás había notado el cambio y estaba que se lo llevaba el diablo.

Había soltado demasiada información confidencial como para dejar que Gloria se fuera tan tranquila.

El gerente del lugar intentaba calmarlo con sonrisas forzadas, pero la situación ya se le había salido de las manos.

Gloria no lo pensó dos veces y decidió salir por la puerta trasera.

Ese club era conocido por ofrecer habitaciones para que los clientes pasaran la noche, y el área trasera estaba llena de cuartos privados.

Se decía que ofrecían servicios especiales con máxima discreción, por lo que muchos hombres de dinero frecuentaban el lugar.

El elevador estaba al fondo del pasillo.

Gloria caminó a paso rápido, pasando puerta tras puerta.

Ya casi llegaba al elevador cuando, al pasar por la última habitación, ¡la puerta se abrió de golpe y alguien la jaló hacia adentro!

La puerta se cerró.

La habitación quedó en silencio, rota solo por la respiración agitada de un hombre.

Capítulo 596 1

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