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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 89

Gloria sintió que ya era necesario hablar bien con Jaime.

Subió con su comida, y mientras comía le mandó mensaje.

[Señor Granados, yo soy una persona común. No me aviente al fuego.]

No pasaron ni unos segundos cuando tocaron.

—Gloria, soy yo.

Gloria iba a levantarse, pero volvió a sentarse y siguió escribiendo.

[No lo quiero interrumpir. Podemos hablar por mensaje.]

Afuera se hizo silencio. Luego le llegó la respuesta.

[Yo no te aviento. Irene tampoco te va a dejar en paz. Tú tranquila: no voy a dejar que te hagan menos.]

Gloria: [Si vuelve a hacer esto, no me culpe si ya no le guardo las formas.]

No estaba negociando; le estaba avisando.

Pero su firmeza no logró que Jaime cediera.

[La próxima me fijo. Voy a procurar no ponerte en una situación incómoda.]

O sea: lo iba a seguir haciendo, solo que con más “cuidado”.

Pero Gloria no quería “cuidado”. Quería que parara.

Apagó el celular y lo aventó a un lado. Su carita se le llenó de fastidio.

Le dio vueltas y, al final, le mandó otro mensaje.

[Usted sabrá.]

Se oyeron pasos en el pasillo. Jaime se fue.

A las tres de la tarde, Gloria volvió a escuchar movimiento afuera.

—Entonces, terminando en el cañón, vamos a buscar dónde comer por ahí.

Irene hablaba sin parar, pegada a Federico.

—En la noche hay fuegos artificiales en el parque, ¡yo también quiero verlos!

Federico iba en ropa casual; la mirada no se le despegaba de ella.

—Fíjate por dónde vas. No te vayas a estrellar.

Irene caminaba de espaldas, ladeando la cabeza para verle la cara.

—¡Primero dime si te late mi plan!

—Me late —Federico estiró el brazo y cubrió la esquina de la pared para que Irene no se golpeara.

—Andar sola de compras está aburridísimo. Yo te acompaño.

Jaime traía un conjunto deportivo azul chillón y estaba recargado en una columna, como si llevara rato ahí.

Nomás verlo le dio dolor de cabeza a Gloria.

Lo rodeó y se metió al centro comercial.

—¿No tienes trabajo?

—Hoy en la tarde el cliente tuvo un pendiente; hasta mañana nos vemos. Federico también se fue a pasear, ¿por qué yo no?

Jaime la siguió a paso largo.

—Dime qué quieres y yo te lo compro. Para compensar.

Gloria lo miró de reojo.

—Jaime, ¿lo que te escribí te valió?

—No —Jaime levantó tres dedos—. Lo juro: a partir de ahora voy a procurar no meterte en problemas…

No alcanzó a terminar. Gloria aceleró el paso.

Seguramente había jurado más veces de las que había comido; no valía nada.

***

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