Renato se detuvo a un par de metros de ella: —¿Te estás mudando?
Al ver que nadie más bajaba del auto, Elara comprendió que Dylan no estaba. Renato había venido solo a hablar con ella.
*Pues que hablemos*, pensó.
Desde el instante en que decidió demandar por el divorcio, se había mentalizado para enfrentar a Renato. Sí, su presencia le imponía respeto y hasta un poco de miedo, pero ya no había marcha atrás. Acobardarse no serviría de nada.
Enderezó la espalda: —Sí, me estoy mudando.
Al notar la actitud a la defensiva de Elara, Renato frunció levemente el ceño. Tampoco era un monstruo, ¿por qué le tenía tanto pavor?
—¿Necesitas ayuda?
¿Ayuda?
Elara lo miró atónita. ¿Había escuchado bien?
¿Renato Soler ofreciéndose a ayudarla con una mudanza?
¿Había entendido mal?
—¿A qué se refiere, Renato? ¿En qué nos va a ayudar?
Renato no respondió. Giró la cabeza hacia Fabián: —Ve a ayudar.
—Enseguida, señor —Fabián se acercó rápidamente y tomó las bolsas que Marta cargaba con dificultad. Con su complexión robusta, levantó el peso como si se tratara de un par de plumas.
Elara se quedó con la boca entreabierta. Esto no tenía ningún sentido.
¡No era para nada lo que se había imaginado!
¿No venía a presionarla?
¿Acaso no sabía lo del divorcio?
Pero si no lo sabía, ¿por qué no le parecía extraño que se estuviera mudando?
No solo no hizo ni una pregunta, sino que mandó a Fabián a ayudar directamente.
¿Sabía o no sabía?

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