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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 158

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Un destello de admiración iluminó los ojos de Renato. Cuando ella amaba, se entregaba por completo; pero al ser traicionada, no dudaba en poner un punto final. La miró a los ojos y le ofreció un respaldo absoluto: —El error fue suyo. Nada de lo que hagas será excesivo.

¿La estaba apoyando?

Elara jamás imaginó algo así. Nunca se atrevió a soñar que Renato se pondría de su lado; después de todo, Dylan era familia de él, mientras que ella era, a fin de cuentas, una extraña.

De pronto recordó cuando tuvo la hemorragia y Renato castigó a Dylan severamente haciéndolo humillarse frente a toda la familia en el altar. Y también recordó cómo intervino cuando Viviana y Luciana la acusaron falsamente de infidelidad.

¿Acaso era de esos hombres que defienden lo correcto por encima de los lazos de sangre?

¿Había estado equivocada todo este tiempo asumiendo lo peor de él?

Elara sintió que un inmenso peso se le quitaba de encima. Enfrentarse a Dylan ya requeriría todas sus fuerzas; si hubiera tenido que pelear contra Renato también, no habría tenido ni la más mínima oportunidad de ganar. Saber que contaba con su comprensión la llenó de alegría.

De repente, ese demonio implacable del que todos hablaban ya no le parecía tan aterrador. Al contrario, era una persona bastante considerada.

En ese momento, Fabián entró a la sala: —Señorita Elara, ya subimos todo al camión.

Elara se levantó rápidamente: —Muchísimas gracias, Fabián.

—Solo sigo las órdenes del señor Soler —respondió, dejando claro a quién debía agradecerle.

Y sí, se lo agradecía enormemente a Renato.

No solo por haberle ordenado a Fabián que cargara las cajas, sino por no ponerse del lado de Dylan.

Elara miró a Renato y le dijo: —Gracias por todo, Renato. Hoy la mudanza fue un caos, pero en cuanto me instale, lo invitaré a cenar.

Renato ocultó una chispa de resignación en su mirada al notar tanta formalidad. —Vámonos. Te escoltaremos hasta allá.

—No es necesario —Elara agitó las manos, apenada—. Es tardísimo, no quiero seguir abusando de su tiempo.

—No es ninguna molestia. Vámonos —dijo Renato, y sin darle oportunidad a discutir, caminó hacia la salida.

A Elara no le quedó más remedio que tomar a su bebé en brazos y seguirlo.

Marta se subió al camión de mudanza para viajar con el chofer, mientras que Elara y Vali viajaron en el auto de Renato.

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