Renato bajó la mirada, acariciando las cuentas de madera que llevaba en la muñeca.
—Este asunto debe resolverse lo antes posible. Si nos demoramos, habrá complicaciones.
Don Leonardo asintió, dándole la razón.
—Mañana mismo le diré a Dylan que se encargue de esto.
Renato asintió.
—Que descanse, Don Leonardo.
Terminó de hablar, se puso de pie y se dirigió al piso de arriba.
Fabián lo siguió de cerca.
*Con razón quiso volver a la Casona Lucero tan tarde*, pensó. *Vino a presionar con el divorcio.*
**
Elara recibió la llamada de Dylan Lucero al atardecer de su segundo día en su nuevo hogar.
—¿Te mudaste?
A esa hora, seguramente él había vuelto del trabajo a Bahía Dorada y se había dado cuenta de que ella no estaba.
—Sí.
—¿A dónde te fuiste?
La voz del hombre sonaba gélida; era evidente que estaba furioso.
Elara no le dio detalles, solo le respondió con firmeza.
—Ya presenté la demanda de divorcio. Solo te queda esperar la notificación del juzgado.
—Elara, ¿de verdad vas a llevar las cosas a este extremo?
—Tú me obligaste. Si vas conmigo al registro civil a firmar los papeles, retiraré la demanda.
—¡Ni se te ocurra pensar en el divorcio!
Tras escupir esas palabras, cortó la llamada.
Elara dejó el celular a un lado y continuó organizando su escritorio. Ese mismo día había ido a comprar un mueble con estantes incluidos y lo había instalado en su habitación.
Se había pasado el día entero arreglando su nuevo hogar. Aún le quedaban nueve días de licencia por maternidad, pero ahora que se había independizado, los gastos serían mayores. Necesitaba volver a trabajar pronto para ganar dinero.

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