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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 164

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Suite presidencial del hotel.

Renato Soler estaba sentado en el escritorio, revisando unos documentos.

Fabián estaba a un lado, observándolo de reojo. Pensó que al menos habría alguna reacción, pero el jefe leía con total concentración. Aparte de mantener el ceño ligeramente fruncido, su rostro no expresaba nada.

No pudo evitar sentirse un poco decepcionado.

Esa carpeta contenía todos los detalles sobre Nina Salinas desde su regreso al país. Estaban las pruebas de los encuentros de Dylan con ella, el verdadero motivo de la hemorragia de Elara, y lo más indignante: el hecho de que, mientras la bebé de Elara estaba en el quirófano, Dylan había estado acompañando a Nina y a su hijo.

Fabián imaginaba que, dado lo mucho que le importaba Elara a su jefe, este perdería los estribos al ver todo lo que había sufrido la mujer que le gustaba. Tal vez hasta estallaría de rabia y se iría a los golpes con Dylan.

*Dos hermanos agarrándose a golpes por una mujer. Uff, solo de imaginarlo suena intenso*, pensó Fabián.

Su jefe siempre mantenía una fachada de calma absoluta. Parecía del tipo de hombre que ni se inmutaba si el mundo se caía a pedazos. Fabián tenía muchísima curiosidad por ver cómo se veía cuando perdía los estribos de verdad.

*Pero está tan tranquilo... ¿Será que no le gusta tanto Elara después de todo?*

Renato cerró la carpeta de golpe y la lanzó sobre el escritorio. El sonido seco hizo dar un respingo al corazón de Fabián.

—¿Esto es todo?

—Aún sigo investigando sobre la vida de Nina en el extranjero —se apresuró a decir Fabián—. Por otro lado, confirmé que la señorita Elara ya hizo que su abogada presentara los papeles de divorcio en el juzgado. Seguramente el señor Dylan recibirá la notificación mañana.

Justo en ese momento, entró la llamada de Don Leonardo. Renato contestó.

—Renato, ¿sigues ocupado?

—¿Necesita algo, Don Leonardo?

—Dylan se niega a divorciarse. Él siempre te ha escuchado. ¿Podrías ayudarme a convencerlo para que firme los papeles?

Renato guardó silencio.

—Tenías toda la razón —continuó Don Leonardo—. Este asunto tiene que solucionarse cuanto antes. Si se llega a filtrar algo, las acciones de la empresa se irán a pique, y nuestro proyecto en conjunto correrá un grave riesgo.

—Haré el intento.

—Perfecto. No te quito más tiempo, descansa.

Renato cortó la llamada. Bajó la mirada, pensativo, y después de unos segundos se dirigió a su asistente.

—Filtra la noticia de la infidelidad de Dylan Lucero a la prensa. Quiero que para mañana por la mañana todo el país esté hablando de eso.

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