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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 18

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Elara concluyó que unas simples palabras de consuelo o reflexión no iban a ser suficientes. Estaba a punto de recomendarle iniciar un tratamiento psicológico avanzado o consultar para una posible intervención psiquiátrica, pero apenas había escrito un par de líneas cuando la mujer se desconectó repentinamente.

Se quedó mirando la pantalla, frustrada y sin palabras, y terminó borrando el mensaje que había dejado a medias.

Esa paciente jamás le había preguntado cómo sanar. Era obvio que solo la utilizaba para desahogarse, y en cuanto escupía todo el veneno que tenía adentro, cerraba la sesión.

*¿Acaso nunca tuvo la intención de mejorar? ¿Solo me usa como su basurero emocional?*

Pensándolo bien, era lógico. Siendo la amante, era obvio que no podía ir por ahí presumiendo su situación con nadie más. Guardárselo le generaría demasiada ansiedad, así que buscar a un psicólogo en línea de manera anónima le servía como la válvula de escape perfecta.

Sin embargo, escupir sus frustraciones no iba a solucionar el problema de raíz.

Se prometió a sí misma que la próxima vez que la mujer se conectara, la presionaría para que iniciara un tratamiento real. Si dejaba avanzar su nivel de distorsión, terminaría destruyéndose a sí misma.

Al ver que no había más consultas pendientes por el momento, Elara se levantó para buscar su teléfono en la mesa de noche. Fue entonces cuando notó que Santiago Marín le había dejado un mensaje hacía un par de minutos.

*Ya regresé. ¿Tienes tiempo esta tarde? Podemos revisar tu tesis.*

Santiago y Elara se habían graduado bajo la tutoría del mismo director de tesis; él era su colega de una promoción anterior. Mientras que Santiago era un genio para la investigación y la redacción científica, sus habilidades clínicas no eran las mejores. A Elara le ocurría exactamente lo contrario.

Como necesitaba publicaciones académicas para alcanzar el puesto de médica jefa, le había pedido ayuda a Santiago hacía unos días.

Él había estado fuera de la ciudad en un congreso médico, pero prometió avisarle en cuanto regresara a Solsepia.

Elara respondió de inmediato:

*Tengo la tarde libre, ¿te busco en tu hospital a las dos?*

*Perfecto.*

Después del almuerzo, tomó una siesta rápida y le pidió a Orlando que la llevara.

Llegó a la hora acordada al Hospital San Rafael. Era una clínica privada sumamente prestigiosa en la ciudad. Aunque Elara sabía que Santiago trabajaba allí, era la primera vez que iba a visitarlo.

Al entrar al inmenso vestíbulo sosteniendo su vientre, sintió como si hubiera pisado un hotel de cinco estrellas. Había elegantes mesas de centro rodeadas por sofás de cuero individuales, con agua embotellada de marca y snacks a disposición. Esa configuración de lujo se repetía por todo el salón.

Supuso que era el área de espera para los pacientes de alto nivel y sus familias.

El lugar estaba adornado con arreglos florales frescos, canastas de frutas, bebidas de todo tipo...

Estaba maravillada con el lugar cuando vio a Santiago acercándose con una sonrisa cálida.

—Hola, Santiago.

—¿Qué te parecen nuestras instalaciones?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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