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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 200

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Ximena se asustó un momento al ver la mirada seria y severa de Elara, pero reaccionó de inmediato y la guio hacia la azotea.

Cuando llegaron, bajo el intenso sol, vieron a una mujer de complexión robusta de pie sobre el borde de la cornisa.

En la azotea, el viento soplaba con furia, haciendo que su ropa color caramelo ondeara bruscamente en el aire. Con el cielo azul a sus espaldas, la mujer se veía minúscula, frágil, como si la próxima ráfaga fuera a arrancarla del mundo para siempre.

El techo parecía un horno bajo el calor abrasador, con olas de aire hirviendo distorsionando la vista.

Al ver la escena, Elara sintió que el corazón le daba un vuelco. Comenzó a caminar rápidamente hacia ella, pero apenas llegó al centro de la azotea, Jimena le gritó desde la cornisa:

—¡No te acerques! ¡Si das un paso más, me tiro!

Elara se detuvo en seco y le habló con voz suave y firme.

—No me voy a acercar. Por favor, trata de calmarte, podemos hablar las cosas.

Jimena tenía el rostro pálido y los ojos apagados, desprovistos de cualquier brillo. Al ver a una doctora desconocida, su angustia solo aumentó.

—¿Quién diablos eres tú? ¡Me cambiaron de médico otra vez! ¡Ya les dije que no quiero otro médico, quiero que me cambien el medicamento!

—Yo soy la doctora encargada de tu caso, me llamo Elara.

A su lado, Ximena tiró de la bata de Elara y le susurró:

—Doctora, ¿cómo se le ocurre admitir que es su médica en este momento? Si llega a saltar...

—Doctora Ximena —la cortó Elara, negando con la cabeza y pidiéndole con la mirada que guardara silencio.

Elara sabía que Ximena solo trataba de protegerla de las consecuencias legales, pero en ese instante, el estado mental de la paciente era demasiado frágil. Había suplicado ayuda múltiples veces sin obtener respuesta y estaba convencida de que el hospital la había abandonado.

Necesitaba mostrarle que había alguien a cargo, asegurarle que el hospital no la había desechado y que alguien estaba dispuesto a asumir la responsabilidad por ella.

¡Una vida humana era mucho más importante que cualquier protocolo!

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