Renato movió los párpados, pero sin abrir los ojos, atrajo a Elara más hacia su pecho y emitió un suave y sugerente sonido desde la garganta.
Elara no se movió, esperando a que se despejara. Sin embargo, poco después, volvió a escuchar su respiración pausada. ¿Se había vuelto a dormir?
¿No que su sueño era siempre muy ligero?
Esta vez, Elara le dio un suave pellizco en la cintura:
—Ya no puedes dormir más, o no descansarás bien esta noche.
Renato abrió los ojos lentamente. Al ver el rostro sin maquillaje de Elara tan cerca, sonrió satisfecho. Qué maravilla era despertar y que ella fuera lo primero que viera. Sin embargo, al notar que tenía los ojos rojos, frunció el ceño.
—¿Por qué tienes los ojos rojos?
Elara apartó la mirada sintiéndose descubierta.
—No dormí bien.
Renato le dio un beso en la frente.
—Me voy a levantar. Duerme un rato más, te despertaré a la una y media.
Su turno comenzaba a las dos, así que la una y media era el momento perfecto. Él siempre era así de atento a los detalles.
Temiendo que, si se levantaba, terminaría delatando sus verdaderas emociones, Elara asintió.
—Está bien.
Renato se levantó y arropó a Elara.
—Descansa. Iré afuera a seguir trabajando. Te avisaré cuando sea la hora.
—Mjm. —Elara cerró los ojos.

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