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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 418

Luego de esto, por fin la dejó ir.

—Ve.

—¿Te vas a quedar en la mansión esta noche? —preguntó ella.

—No. Se me ha acumulado mucho trabajo en la empresa, así que tendré que volver a la ciudad.

Elara asintió.

—Bien, me retiro entonces. —Y dándose la vuelta, subió las escaleras.

Renato observó a Elara hasta que la perdió de vista, y solo entonces se fue en busca del médico.

**

En el salón principal de la Mansión Soler.

El disgusto de Enrique, tras el desplante de su madre en el hospital, era evidente, así que después de dejarla a salvo, buscó una excusa para irse. Felipe decidió salir a darle de comer a los peces del jardín, e Isabel, resentida e incapaz de hablar durante el camino de regreso, permanecía muda en la sala.

A doña Matilde no pareció importarle, porque se centró en charlar de forma amena con Dylan y Luciana.

—Ya que estarán en la Capital, deberían pasarse por aquí con más frecuencia.

Dylan asintió:

—Claro. De hecho, yo no estaba muy de acuerdo en que Luci viniera sola a trabajar a la Capital. Pero ahora que va a estar en la Corporación Soler y que Renato estará cerca para echarle un ojo, estoy mucho más tranquilo. Solo espero no darle demasiados dolores de cabeza.

—Ustedes ya son casi familia. No digas tonterías —respondió amablemente doña Matilde.

Luciana miró a Dylan con curiosidad:

—Hermano, ¿ya compraste la casa?

—Todavía no. Comprar una casa no es tan fácil como ir de compras al mercado. Tengo que revisar zonas, precios, modelos, y asegurarme de que todo esté en orden.

Luciana hizo un puchero.

—Pero a mí no me gusta dormir en los hoteles.

Al oír esto, doña Matilde no tardó en ofrecer:

—Si no les molesta que quede un poco lejos, Luciana puede quedarse aquí temporalmente.

El rostro de Luciana se iluminó de alegría.

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