Dylan inventó una excusa cualquiera para salir del paso.
—Llamé a Renato y me pareció escuchar la voz de una mujer. Dime, ¿qué viste?
—Vi a Elara. Vino a ver a Renato para su revisión médica. No me imaginaba que él sufriera de insomnio. Con tanta gente dependiendo de él, seguro tiene demasiado estrés. Hermano, voy a tomar clases de masajes para que Renato se relaje...
Dylan solo escuchó la primera frase. No le prestó atención al resto de lo que dijo Luciana.
Pensar que Elara realmente había ido a buscar a Renato. Apenas tenían un momento libre para comer y descansar al mediodía, y ella corría a verlo. ¿Desde cuándo era tan apegada a él?
Renato era un hombre sumamente calculador y lleno de estrategias. Ya lo había engañado a él en el pasado. Con lo ingenua que era Elara, ¿cómo iba a ser rival para alguien así?
Si las cosas seguían así, ese hombre astuto y traicionero terminaría devorándola sin dejar rastro.
No. Tenía que encontrar la forma de que Elara volviera a su lado.
—Hermano, ¿me estás escuchando?
Dylan volvió a la realidad.
—¿Qué dijiste?
—Te decía que Felipe Soler, el tío de Renato, nos invitó a Elara y a mí a la gala de Fin de Año. Tengo que arreglarme espectacularmente para deslumbrar a todos. Anda, hermano, transfiéreme algo de dinero, necesito comprar un vestido de gala.
Dylan sabía sobre la gala de Fin de Año de la familia Soler. El año pasado, cuando la organizó Enrique Soler, él había asistido. Prácticamente toda la élite y las personas más influyentes de la Capital estarían allí.
Quizás era la oportunidad perfecta.
Un brillo calculador asomó en los ojos de Dylan.
—Entendido, te lo transfiero en un rato.
Tras colgar, llamó a Sergio Beltrán para que entrara a su oficina. Tenía que planear esto con mucho cuidado.
En la oficina del Director de la Corporación Soler.
Renato cerró la puerta. Al darse la vuelta y ver a Elara bastante asustada, le tomó la mano y se la apretó con suavidad para tranquilizarla.
—¿Te asustaste?
¿Cómo no iba a estarlo?
Ella no poseía la calma inquebrantable de Renato. Andar a escondidas siempre le impedía sentirse segura.
Justo antes, cuando Luciana y Felipe Soler insistían en entrar, lo único que le pasaba por la cabeza era que, si su relación salía a la luz, la opinión pública los destrozaría.
El gran líder de la Corporación y la exesposa de uno de sus socios. Una relación demasiado escandalosa.
El corazón casi se le había detenido del susto.

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