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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 439

El jefe no había dicho las cosas claramente, y Dylan siguió haciéndose el tonto todo el tiempo. Quedaba claro que, a pesar de que Dylan ya sabía sobre la relación de Renato con Elara, no se atrevía a desafiarlo directamente.

Fabián sacó su celular de inmediato para marcarle a Sebastián Zavala. Antes no se había atrevido a llamar a nadie para no hacer un escándalo, pero con la amenaza de Dylan fuera del camino, ya no había razones para ser cauteloso.

—Señor Zavala, venga rápido al segundo piso. Alguien drogó a la señorita Ávila y a la señorita Rosales.

El bullicio de la fiesta en la planta baja se escuchó mezclado con la voz ansiosa de Sebastián al otro lado de la línea.

—¿Qué fue lo que pasó?

—No se lo puedo explicar en dos palabras. Suba rápido.

Unos instantes después, Sebastián llegó apresuradamente al segundo piso, donde Fabián lo esperaba en la puerta.

Al entrar en la habitación y ver que la mano que Renato tenía a un costado goteaba sangre sobre el suelo, su rostro cambió por completo.

—¿Qué te pasó en la mano?

—Es solo un rasguño, no es nada —respondió Renato alzando levemente la barbilla para señalar a Elara en la cama—. Revísala a ella primero.

Sebastián se inclinó para examinar a Elara. Tras una rápida revisión médica, notó que aparte del profundo sueño, no presentaba ningún otro síntoma. Intentó sacudirla suavemente; los párpados de la joven temblaron hasta que finalmente logró abrirlos, aunque su mirada seguía perdida.

—No es nada grave. Despertará por completo en un momento.

Fabián se apresuró a intervenir.

—Acompáñeme a revisar a la señorita Ávila en la habitación de al lado.

Sebastián siguió a Fabián a la habitación contigua.

Renato se sentó al borde de la cama y, observando a Elara, que seguía aturdida, le preguntó con voz suave:

—¿Cómo te sientes?

A Elara le palpitaba la cabeza fuertemente. Aún no lograba estar del todo consciente. Intentó hablar, pero casi no tenía fuerzas.

—¿Qué... me pasó?

—Alguien te drogó, pero ya estás a salvo.

A su mente confusa llegaron destellos del momento en que salió del probador y alguien le tapó la boca. Los recuerdos de lo sucedido fueron cobrando sentido poco a poco, y preguntó con urgencia:

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