—¿Para qué me quedaría a hacerle compañía? —respondió Dylan, tomando la mano de Elara para salir de la habitación.
Elara miró hacia atrás y se topó con la mirada llena de odio de Nina. Evidentemente, la mujer no esperaba que ella se girara y se quedó petrificada por un segundo. A Elara ya no le importó ver qué otra expresión pondría; volvió la vista al frente y salió del hospital del brazo de su esposo.
En la cama, Nina apretó las sábanas con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron. Se mordió la lengua para no destruir todo lo que había en la habitación VIP.
Estaba en el hospital privado de los Lucero. ¡Tenía que controlarse!
Pero sus ojos parecían los de un demonio salido del infierno, listos para despedazar a cualquiera en un instante.
No se imaginaba que Elara tuviera tanta sangre fría para aguantar.
Incluso después de lo que había pasado en la sala de descanso entre ella y Dylan, Elara había logrado mantener la compostura y llevarse a su esposo como si nada.
¡Esa maldita había arruinado su trampa perfecta con una facilidad insultante!
Pasó un buen rato antes de que el fuego en el pecho de Nina se apagara un poco.
Una sonrisa retorcida y sombría apareció en sus labios.
—Elara, ¿crees que esto se acaba aquí? Quiero ver si mañana sigues teniendo tanta paciencia.
Al día siguiente.
Elara estaba sentada en el sofá de la sala, dándole el biberón a Vali. El teléfono en la mesa de centro comenzó a vibrar. Era Aurora.
—Déjeme darle yo, señora —ofreció Marta, la niñera, acercándose.
Elara le entregó la bebé y contestó la llamada. La voz ansiosa de Aurora no se hizo esperar.
—Tu esposo terminó en la estación de policía.
Elara se puso de pie de un salto.
—¿Qué pasó?
—Me dijeron que se agarró a golpes con el hijo menor del Consorcio Zepeda, Darío Zepeda. El departamento legal me acaba de avisar y ya voy para allá.
¿Una pelea a golpes?
Dylan siempre había sido un hombre calculador y reservado, especialmente desde que asumió el control de la empresa. Rara vez mostraba sus emociones, y mucho menos llegaba a los golpes.
Además, Elara recordaba que Darío Zepeda era parte del círculo de amigos de Dylan. La familia Zepeda era una de las más ricas e influyentes de Solsepia. ¿Por qué de repente se estaban peleando a puñetazos?
Si ya habían metido a los abogados de por medio, el asunto no era ninguna broma.
—¿En qué delegación están?

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