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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 78

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Elara asintió levemente y se volvió hacia Dylan.

—Sigan con lo suyo, no los interrumpo más —dijo dispuesta a irse, pero él no le soltaba la mano—. ¿Pasa algo?

Dylan escudriñaba el rostro de su esposa, buscando desesperadamente cualquier grieta en su actitud, cualquier señal de furia reprimida.

La última vez, en el Hospital San Rafael, cuando los vio llegar juntos, la impresión le provocó una hemorragia y casi pierde la vida.

En el Club Élite Real, cuando lo descubrió en la misma sala que Nina, se dio la vuelta muerta de rabia y se marchó.

Y cuando se enteró de que él se había agarrado a golpes por defender a esa misma mujer, lloró amargamente, le gritó y le exigió que cortara cualquier contacto con ella.

Pero ahora...

Acababa de encontrarlos saliendo de su habitación de descanso privada, y estaba tan serena. Sin gritos, sin lágrimas, y hasta se estaba yendo por iniciativa propia para no molestar.

Esta actitud dócil y razonable era todo lo que él le había estado pidiendo, y aun así, ¿por qué sentía el corazón estrujado por una ansiedad inexplicable?

Acarició los dedos de su esposa, casi como si temiera que se desvaneciera.

—¿De verdad no quieres quedarte a almorzar conmigo? —preguntó con voz suave.

Elara ignoró por completo la súplica en sus ojos.

—Ya comí en la casa.

—Entonces intentaré llegar temprano hoy, para cenar juntos.

—De acuerdo.

Dylan soltó su mano lentamente. Se quedó viendo cómo Elara se marchaba sin siquiera mirar atrás una sola vez. Sintió un vacío repentino en el pecho, una presión asfixiante que no sabía cómo procesar.

Nina dio un paso al frente y preguntó en tono cauteloso:

—¿Quieres que te acompañe a comer?

Dylan apartó la vista de la puerta vacía y la miró.

—Dile a tu empresa que devuelvan este proyecto al encargado anterior. A partir de hoy, no vuelvas a pisar mi oficina.

El rostro de Nina se deformó por la indignación.

—¿Por qué? ¿Solo porque tu esposa nos vio salir juntos? ¡Pero si no se dio cuenta de nada y ni siquiera se molestó!

La mirada que Dylan le dirigió era gélida, y su voz no tenía el más mínimo rastro de humanidad.

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