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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 84

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Aurora captó la idea de inmediato.

—Claro, así Nina, muerta de celos, seguro los seguirá. Si tú te enfermas, les dejas el camino libre para que se vean. No solo te libras de pasar tiempo con Dylan, sino que además puedes aprovechar para conseguir las pruebas de su engaño.

—Exacto —asintió Elara.

Aurora le levantó el pulgar en señal de aprobación.

—Increíble. Se nota que eres doctora, tienes una mente brillante.

—El problema es que, conociéndolo, si me enfermo es muy probable que se quede en el hotel a cuidarme. E incluso si logro convencerlo de que salga un rato, regresará a dormir conmigo en la noche. —La mente de Elara trabajaba a toda velocidad—. Lo ideal sería enfermarme lo suficiente como para que me hospitalicen. Si estoy internada, él no podrá dormir conmigo.

—Pero estás fingiendo. Apenas pises un hospital, los médicos se darán cuenta de que no tienes nada.

—¿Y si resulta que conozco a alguien en ese hospital?

Aurora parpadeó, confundida por un segundo.

—Van a salir de la ciudad, no van a estar en Solsepia. ¿Acaso tus colegas de la Clínica La Paz te van a seguir en el vuelo solo para cubrirte?

Elara esbozó una sonrisa astuta.

—¿Crees que mis ocho años de universidad fueron de adorno? ¿O que absolutamente todos mis compañeros de generación trabajan en Solsepia?

Aurora dio una palmada en la mesa.

—¡Claro! Puedes pedirle el favor a algún compañero.

—¡Come rápido! —la apresuró Elara—. Apenas termine, tengo que hacer unas llamadas para cuadrar la ciudad del viaje. En cuanto lo tenga, te aviso para que vayas a soltar el chisme al Consorcio Salinas.

—Hecho. —Aurora chasqueó la lengua mientras miraba a su amiga—. Empiezo a temer que un día de estos me vendas y yo termine ayudándote a contar los billetes.

Elara soltó una carcajada y le sirvió un poco de carne a su amiga.

—Eres demasiado linda, jamás te vendería.

El almuerzo transcurrió en un ambiente mucho más relajado. Ahora que Elara tenía un plan sólido, su estrés había desaparecido por completo.

Esa tarde, cuando Dylan regresó de trabajar, notó a su esposa de muy buen humor.

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