—Sufrió un desmayo a causa de una fuerte anemia. Necesita ser hospitalizada para recibir tratamiento. La paciente ya recuperó el conocimiento y la estamos trasladando a una habitación. Puede pasar a verla.
Al enterarse de que solo era anemia y no una emergencia grave, Dylan soltó un largo suspiro de alivio. Era evidente que el cuerpo de Elara aún no se había recuperado del todo tras la hemorragia que tuvo en el parto.
Cuando entró a la habitación, se sentó al borde de la cama y tomó la mano de su esposa. Su rostro reflejaba una profunda culpa.
—Todo es mi culpa. Aún no estás recuperada y no debí insistir en traerte.
Elara forzó una sonrisa débil.
—No te culpes, fui yo la que quiso venir.
Las palabras de ella solo hicieron que Dylan se sintiera peor. Sabía que su falta de atención y compañía en los últimos meses la habían llevado a forzarse a viajar, a pesar de su frágil salud, solo para no perder la oportunidad de estar juntos.
La miró con los ojos llenos de ternura.
—Te prometo que a partir de ahora pasaré más tiempo contigo.
Al escuchar esa promesa, Elara sintió un pinchazo de ansiedad. Si seguía en esa actitud, no se movería de ahí y jamás iría a buscar a Nina. ¡Todo su plan se iría a la basura!
—De verdad, estoy bien. No te preocupes tanto. Solo es anemia, con un poco de descanso se pasa. Deberías regresar al hotel, los hospitales son muy deprimentes para quedarse tanto tiempo.
Dylan frunció el ceño.
—¿Qué locuras dices? Estás enferma. Por supuesto que me voy a quedar aquí a cuidarte. No voy a regresar a ningún hotel.
—No necesito que me cuides...
—Basta. Cierra los ojos y descansa —la interrumpió él, con un tono que no admitía discusión—. Me quedaré aquí contigo. No me voy a mover a ningún lado.
Elara reprimió un gruñido.
*¿De verdad el plan iba a fracasar tan pronto?*
Pero viendo la determinación en el rostro de Dylan, sabía que si insistía demasiado, levantaría sospechas.
Cerró los ojos y rogó mentalmente para que Nina hiciera su parte y lograra sacarlo de ahí.
Unos quince minutos después, el celular de Dylan comenzó a vibrar.
Él, creyendo que ella estaba dormida, contestó de inmediato para no despertarla. Se levantó y caminó hacia la ventana.
Aunque intentó bajar la voz, el silencio de la habitación permitió que Elara escuchara retazos de la conversación.

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