Barak miró a la mujer frente a él con aparente serenidad. Su corazón se alteró como llevaba años sin hacerlo, su garganta se cerró y su estómago dio un vuelco, tantas sensaciones nuevas para él lo llevó a descomponer el gesto y ponerlo brutalmente serio, intimidante y peligroso.
Incluso su polla se estremeció al verla tan sexy y asustada. Sigue igual, sus enormes ojos grises llenos de luz a pesar del terror en ellos, su precioso rostro angelical impecable, sus tetâs más grandes de lo que las recuerda y ni hablar de esas caderas que hacen juego con su enorme culø.
Verla vestida con ese traje verde ceñido al cuerpo mostrando esas peligrosas curvas que lo enloquecen como la primera vez lo hizo soltar un gruñido que paralizó el corazón alterado de Lianett.
―Fuera, todos. ―Lianett vibró por esa voz gruesa y profunda.
Instintivamente, retrocedió al verlo ponerse en pie, cada rincón de su cuerpo tiembla bajo la mirada gélida del hombre que parece desearla cuál cazador a su presa. Es el mismo, no ha cambiado en nada y quizás por eso su cuerpo reaccione a él, pero le desagrada sentir más que miedo.
―Le asignaremos a otra persona. ―Se apresuró a salir con los demás, pero el fuerte agarre en su brazo no solo la detuvo en seco, tiró de ella con tanta fuerza que gimió al chocar con el fuerte cuerpo de su exesposo.
―¿Quieres hacer esto, muñequita? ―Susurró a su oído con un tono tan bajo de voz que Lianett sufrió una descarga por todo su cuerpo. ―Prometo que esta vez seré yo el vencedor.
―Por favor...
―Calla. ―Gruñó sentándola sobre la mesa y colocándose entre sus piernas. ―No me tientes, muñequita... fueron seis años. ―La miró a los ojos y para Lianett eso solo significó peligro. ―¿Es en este pueblucho de mierdã en el que te has ocultado todo este tiempo? ―El toque a su vientre plano la petrificó.
¿Por qué le toca el vientre? ¿Por qué la mira de esa manera que no puede interpretar? ¿Por qué siquiera él está ahí entre sus piernas detallándola como en busca de algo?
―No tienes derecho. ―Quiso sonar firme, pero tenerlo ahí no solo la pone nerviosa, sino que le quita todo control de su propio cuerpo. ―Estamos divorciados... ¡Aaahhh! ―Gimió por la caricia a su sexø. ―¡No lo vuelva a hacer! ―Trató de empujarlo, pero Barak quien estaba muerto de los celos y la furia no se separó ni un solo centímetro.
―Implórale al mismísimo diablo que no tengas olor a un hombre. ―Se llevó los dedos a la nariz y olfateó, es el mismo jødidø olor que le pone la pølla a punta de explotar.
―¿Q-que haces? ―Lianett ya no lo estaba soportado más, no era su intensión excitarse, segundo atrás creyó que el miedo la había paralizado de todas las maneras, pero ahora ya duda de todo.
―Asesorándome de que nadie más te haya tocado en estos últimos años. ―Su voz baja al contrario de tranquilizar a Lia lo que hizo fue tensarla. ―Es mejor que te hayas quitado las ganas con un putø consolador, porque estoy dispuesto a dejar sin vergã a quien te haya tocado. ¡Siempre serás mía! ―Intentó bajarle el cierre del vestido para revisar su piel, pero la bofetada lo detuvo.
―Me pediste el divorcio, ¡No tienes derecho sobre mí! ―Barak la miró impresionado, como siempre expresivo cuando se trata de ella. ―Déjame ir. ―Ordenó manteniendo la voz firme a pesar del pánico por esa mirada.
―¿Dejarte ir? ―Río por lo bajo erizando el vello de Lia. ―Te dejé ir por mucho tiempo. Desde ahora mi hijo y tú vienen conmigo. ―Lia lo miró en shock, ¿Cómo sabe que estaba embarazada? ¿Acaso él la había investigado y por eso llegó ahí?
―¿Q-qué? ―Susurró torpemente.


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