Lianett dio un paso atrás dejando ver todas sus emociones a través de su gesto. Barak supo de inmediato que sus hombres habían acertado en el golpe. Es la persona a la que ella le confió a sus tesoros. Es eso lo que decía el mensaje que pudieron recuperar.
―Barak...
―Le confiaste a tus tesoros, ¿Cierto? ―Se acercó a ella y para su desgracia cerró de un portazo que la hizo saltar. ―¿Cuántos son? ―Se acercó intimidante a ella. ―Dime, Lianett. ―Su nombre viniendo de esa boca y con ese tono la redujo a una cosita diminuta ante él. ―¿Cuántos hijos tengo? ―Lia retrocedió todo lo que pudo, pero al chocar con la cama quedó sentada. ―¿Acaso te casaste con otro imbécil? ¿Le diste hijos a otro hombre? ―Ladeó la sonrisa y lejos de ser un gesto conciliador, fue terrorífico. ―¿Te confieso algo? ―Acarició su cuello hasta llegar a su nuca y sujetarla con fuerza para que alzara bien la cara. ―Jamás te librarás de mí y a pesar de lo que ha pasado sigues siendo mía, sigues perteneciéndome. ―Su perfecta dentadura quedó a la vista en un gesto intimidante. ―El hombre con el que te veías a escondidas y al cual asesiné por verse con mi esposa a mi espalda, me dijo que estabas embarazada, así que sé con certeza que tengo un hijo. ―Acercó un poco más la cara a ella. ―Así que dime el nombre de mi hijo o traigo a todos aquí y te verás obligada a ver cómo te arrebato a los que no son míos.
―¡Eres un monstruo!
―Algo que sabes a la perfección. ―No se ofendió. ―¿Cooperarás o lo hago a mi manera? ―Lia sollozó, ¿Cómo pudo quedar a merced de ese hombre?
―No tienes derecho, Barak, me pediste el divorcio, ¿Por qué no me dejas en paz? ¡Me abandonaste!
―¡Porque creí que me eras infiel! ―Gritó alejándose de ella. ―¡Intenté buscarte y no apareciste! ―Maldijø en un grito. ―Ahora estoy aquí, así que quiero a mi hijo o hijos a mi lado.
―Ni siquiera sabrían quién eres. ―Se puso en pie. ―Tú no los conoces, ¿Por qué no nos dejas vivir en paz como lo estábamos haciendo?
―Porque su lugar es conmigo. ―La abrazó posesivamente. ―Porque solo yo puedo estar al lado de ustedes, ¿No lo entiendes?
―Solo eres un controlador y... ―El beso la calló, Barak ya no quería escucharla, no sabía ni siquiera como disculparse con ella por ser tan tonto y echarla de su vida. No sabe cómo es el arrepentimiento, pero cree que es lo que siente.
―Iré por mis hijos y secuestraré a la mujer, ella me dará la información que necesito.
―No, Barak, ¡Espera! ―Corrió tras de él, pero la puerta se cerró antes de que ella pudiera poner un pie afuera.
―Cuiden de ella, no la dejen salir. ―La encerró y se marchó, era hora de recuperar a sus hijos y la vida que se había estado perdiendo los últimos años.
Las risotadas de los niños resonaron en la pequeña casa, Julieta yacía en el piso gracias al jabón regado sobre la baldosa. Al mirar a esos tres diablillos supo que debía corretearlos para hacerlos pagar por su estrepitosa caída.
―¡No se saldrán con la suya! ―Gritó en medio de una carcajada. ―Vengan aquí, demonios.
―¡Corran! ―Los niños salieron despavoridos resbalando y tratando de huir como tres loquitos. ―No, tía Julieta, ¡No! ―Lesath fue la primera en caer.
―¡Te tengo! ―Chilló Julieta emocionada por finalmente haber capturado a uno. ―Tengo a su princesa. ―Dijo con una sonrisa malvada en los labios. ―Ahora caerán ustedes. ―Tiró un globo con agua dándole a Yusaf. ―¡Soy imparable! ―Carcajeó como una bruja malvada.
―¡No ante mí! ―Artem le calló la boca con un globo justo en su cara. ―Suelta a nuestra princesa o no respondemos. ―Ambos chiquillos sonrieron con malicia, notando la ventaja que tienen.
―Niños, vengan aquí. ―El cambio repentino de actitud de Julieta los confundió. ―Caminen con cuidado y vengan aquí. ―Los niños rápidamente se desplazaron por el resbaladizo piso y se colocaron al lado de su tía. ―Hay que entrar. ―Julieta corrió con sus niños al interior de la pequeña casa.
Barak al ver la escena creyó a Julieta bastante estúpidâ al creer que podía escapar con sus hijos. Con paciencia bajó de la camioneta junto a los tres hombres que lo acompañaban además de Kenji.
―No quiero que asusten a mis hijos. ―Por alguna razón, sabía que los tres eran de él, solo la pelirroja se ve más pequeña que los pelinegros, pero su muñequita es pelirroja y quizás la niña salió igual a ella. Pelirroja y pequeñita.



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