Después de decir esto, Valeria evaluó a Alba. Para su sorpresa, la encontró luciendo radiante, sin rastro del desastre que cabría esperar de alguien que acababa de ser expulsada de su casa.
Isaac también miró a Alba en shock.
—¿Alba? ¿Qué haces en un lugar como este? ¿Acaso nos seguiste a propósito? ¿Por qué nos bloqueaste a todos?
Alba no pudo evitar soltar una risita indignada.
—¿Seguirlos? ¡Qué ego tan grande tienen! ¿Acaso no puedo estar aquí? ¿Es tuya esta tienda?
Para no desperdiciar su saliva con ellos, Alba se dirigió a la vendedora.
—Me llevo este vestido, empáquelo, por favor.
—Enseguida.
Al escuchar esto, Valeria abrió mucho los ojos.
—Ese vestido me gustó a mí. Además, Alba, ¿acaso puedes pagarlo? No seas ridícula. ¿Sabes siquiera qué lugar es este? Aquí un vestido cuesta una fortuna, ¿acaso crees que es ropa de mercado barata?
—Claro que sé que es una boutique de lujo. No soy tan ignorante como tú.
Sin alterarse lo más mínimo, Alba sacó de su bolso la tarjeta negra que le había dado Liam y le dio una vuelta con elegancia entre los dedos.
Al ver esa tarjeta, las pupilas de Valeria se encogieron.
Eran contadas las personas en toda la ciudad que tenían el privilegio de portar una tarjeta de ese calibre.
—Tú... ¿cómo conseguiste eso? —La voz de Valeria hasta cambió de tono.
¡A Alba la habían echado de la casa! ¿De dónde iba a sacar dinero?
Isaac también cambió de semblante.
—Alba, ¿de dónde te la robaste?
—¿Robar? —Alba sonrió burlonamente—. ¿Acaso crees que todo el mundo se dedica a hacer cosas turbias como la familia Moreno?
—¿De dónde sacaste el dinero? ¿Acaso estás enferma? ¿Por qué siempre quieres arrebatarle todo a Valeria? ¿No viste que a ella le gustó primero este vestido? —la interrogó Isaac.
—Joven Moreno, ¿conoce la regla del que llega primero, se lo queda? De dónde saqué mi dinero no es de su incumbencia —respondió Alba con frialdad.
Al ver la situación, la vendedora supo leer el ambiente y procedió a empacar el vestido.
—¡Un momento! —chilló Valeria de repente—. Esa tarjeta de crédito seguro es falsa.
—Alba, ¿te metiste en algo sucio? ¿No tienes vergüenza? ¿Te vendiste por dinero? —preguntó Isaac enfurecido.
Cada palabra que salía de su boca era más absurda que la anterior.
Alba no pudo evitar rodar los ojos.
—¿Te mordió un perro callejero y te contagió la rabia? ¿Por qué le ladras a todo el mundo?
Isaac sintió ganas de golpearla de la pura ira que sentía.
—Alba, ¿qué acabas de decir? ¡Al fin y al cabo, yo sigo siendo tu hermano!
Alba dio un paso atrás y dijo con calma:
—No recuerdo tener hermanos. Ahora soy huérfana, así que por favor no intentes colgarte de mí reclamando parentescos. Y si estás enfermo, te sugiero que vayas al hospital a revisarte.
—...
¡Maldita Alba!
¿Había dicho que era huérfana? ¡Eso era lo mismo que maldecir a toda su familia deseándoles la muerte!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada