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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 11

Isaac estaba lívido de ira, apretando los puños hasta que le crujieron los nudillos, deseando lanzarse hacia Alba y darle una bofetada.

—¡Alba! ¡Lávate la boca! ¡No creas que porque ahora tienes a alguien que te respalde puedes ser tan arrogante! —rugió, apretando los dientes.

Alba soltó una carcajada burlona y lo miró con desdén.

—¿Qué pasa? ¿Acaso Isaac se enojó de pura vergüenza? ¿Esa es la educación de los Moreno?

Al ver que Isaac se quedaba sin palabras, los ojos de Valeria se enrojecieron al instante, y tiró de la manga de él con actitud lastimera.

—Isaac, déjalo... vámonos. Alba... quizás se siente mal...

Él miró a Alba con ferocidad.

—¡Valeria, no le hagas caso! ¡Es una malagradecida! ¡La familia Moreno la crio durante tantos años, y no solo no lo agradece, sino que ahora nos muerde la mano!

Valeria miró a Alba, dudando por un momento.

—Alba, ¿de verdad te está manteniendo un hombre y por eso tienes dinero? ¿Cómo puedes hacer algo tan vergonzoso? ¡Si nuestros padres se enteran, estarán muy decepcionados!

Al escuchar esto, Elena, que estaba a un lado, enfureció y estuvo a punto de replicar.

Pero Alba la detuvo.

Miró a Valeria con una mirada afilada como un cuchillo.

—Valeria, qué fácil se te da abrir la boca para decir estupideces. Ve rápido a contarles, y por cierto, si me tienes tanta envidia, yo también te puedo presentar a uno.

Valeria temblaba de rabia.

—¡Eres... eres una descarada!

Alba no quiso perder más el tiempo con ellos. Pasó su tarjeta, firmó y se dirigió directamente a la dependienta.

—Por favor, empáquelo todo y envíelo a esta dirección.

Escribió ágilmente la dirección de la mansión de Liam, se dio la vuelta y los fulminó con una mirada glacial.

—La próxima vez que me vean, será mejor que se mantengan lejos. No ladren frente a mí como perros rabiosos, o no seré tan amable.

Dicho esto, salió de la tienda con paso elegante junto a Elena.

Elena tuvo que contener las ganas de levantarle el pulgar a Alba en señal de aprobación.

*¡Qué autoridad!*

Elena la miró y habló con respeto.

—Señorita, esos dos estaban diciendo tonterías... ¿quiere que alguien se encargue de eso?

No tenían pelos en la lengua, ¿cómo se atrevían a decir que la señorita Alba estaba siendo mantenida?

¡Qué atrevimiento!

¿Acaso sabían quién era el que respaldaba a la señorita Alba?

Si seguían diciendo estupideces, el señor Góngora les iba a destrozar la boca.

—No es necesario, yo misma lo solucionaré. Tranquila —respondió Alba, sin darle la menor importancia.

De todos modos, ya se habían quitado las máscaras; no había de qué asustarse.

Solo le habían arruinado un poco el humor del día.

En la familia Moreno, como Isaac y Valeria tenían una edad similar, su relación era bastante estrecha.

Por lo general, cuando Valeria salía, le encantaba llevar a Isaac para que el idiota pagara todo.

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