Esa excusa solo enfureció más a Isaac. ¿Por qué tenía que estar pendiente de lo que hacía Alba?
—Lo que haga Alba es su problema. Tú no tenías por qué imitarla, solo debías seguir mis instrucciones.
—Pero ya está, no hablemos más de esto. Cámbiate rápido, tenemos que preparar el segundo atuendo.
El tiempo estaba en su contra, y si no se concentraban, temía perder el control y volver a regañarla.
—Está bien, lo entiendo, Isaac. Lo siento mucho.
Valeria ya estaba de mal humor, y ver que Isaac se atrevía a reclamarle solo empeoró las cosas.
Había puesto su mejor cara de víctima, ¿por qué él no la consolaba como siempre?
Cuanto más lo pensaba, más rabia le daba, pero no podía armar un escándalo, así que se resignó y fue a prepararse en silencio.
Aun así, por dentro sonreía con superioridad. Estaba ansiosa por ver qué pasaría en la siguiente ronda.
Mientras tanto, Alba también se estaba preparando.
—Tal como lo dijiste. Alguien destrozó la ropa que ibas a usar para esta ronda.
Luis revisaba el vestido que sostenía, el cual evidentemente había sido rasgado a propósito.
Aunque tenía la habilidad para arreglarlo, no había tiempo suficiente para hacerlo ahora.
Por suerte, Alba se lo había advertido, así que ese vestido no era su única opción para la competencia.
Solo habían dejado que los demás creyeran que sí, de lo contrario, realmente estarían en un buen aprieto.
—Ese es el único talento real que tiene, destruir a los demás. En lo demás, no sirve para nada —dijo Alba, aunque luego se corrigió mentalmente: *Bueno, también es buena actriz.*
Al menos lo suficiente para tener a todos en la familia Moreno comiendo de su mano.
—Por ahora dejemos esto a un lado. Ya nos encargaremos después del certamen. Oportunidades para darle una lección no nos van a faltar.
Alba llevaba un vestido de gala ajustado y moderno, que irradiaba una sensualidad cautivadora. Con un maquillaje de ojos ahumados y el cabello en ondas sueltas, proyectaba el magnetismo absoluto de una mujer madura y empoderada.
A diferencia de sus looks habituales, casi siempre al natural o con un maquillaje muy sutil, esta vez lucía un labial de un rojo intenso.
Ese tono vibrante no se veía para nada exagerado; al contrario, resaltaba a la perfección su tez luminosa y radiante.
El color en sus labios contrastaba de maravilla con sus finos rasgos, dándole un aire provocativo sin perder la elegancia, y acentuando ese carisma natural que la caracterizaba.
Desde la primera fila, Liam Góngora no podía apartar la mirada. Era la primera vez que la veía en esa faceta, y sus ojos seguían cada uno de sus movimientos.
Incluso sacó su teléfono a escondidas para tomarle un par de fotos.
Había alguien más que tampoco podía dejar de mirarla, completamente hipnotizado.
Ese alguien era Patricio Quintana.
Había asistido al evento por Valeria, quien le había enviado un sinfín de mensajes rogándole que fuera a verla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada