Pero ni así logró conmover a los Moreno.
Mateo le hizo firmar a Alba un contrato que, en su momento, parecía un simple trámite, pero que ahora se había convertido en el arma perfecta para controlarla.
La mirada de Mateo se volvió fría y pronunció con calma:
—Valeria tiene razón, ese contrato todavía lo tenemos nosotros. Firmó por diez años, ¡y la cláusula de penalización es de 500 millones! A menos que Liam pague por ella, ¡jamás se librará de la familia Moreno! Y tendrá que obedecer a la empresa y generar dinero para nosotros.
Eduardo, al oír esto, se relajó un poco.
—Perfecto. ¡Si se atreve a desobedecer, la demandamos por incumplimiento! ¡O que nos dé las acciones como pago!
Valeria, con la cabeza baja, esbozó una pequeña sonrisa y un destello de triunfo iluminó sus ojos.
*Alba, ¿pensaste que conseguir un patrocinador te salvaría?*
*Qué lástima, ¡tu contrato de esclavitud sigue en nuestras manos!*
Una ola de perverso placer inundó a Valeria.
Ella conocía a la perfección las trampas de ese contrato; no solo la multa era absurda, sino que estaba lleno de cláusulas ocultas horribles.
—Mateo, ¿no será demasiado...? —dudó Pablo, interviniendo—. Después de todo, es...
Como abogado, Pablo sabía lo abusivo e ilegal que era ese documento.
Mateo lo interrumpió de golpe.
—¡Ella se lo buscó!
Ahora mismo, ese contrato era la clave para tener a Alba bajo su control.
Sara pareció dudar.
—Pero... si la acorralamos, ¿no hará un escándalo?
Mateo restó importancia al asunto.
—¿Escándalo? ¿Se atreverá? Lo firmó con su puño y letra. ¿Qué puede reclamar?
En su momento no lo habían pensado tanto, solo les pareció fácil de manejar.
Y como Alba era tan ingenua, ni siquiera había leído el documento antes de firmar.
¡Era una bendición caída del cielo!
Querían ver cómo se libraba Alba esta vez.
Eduardo sentenció:
—Consigan otro número y mándenle un mensaje a esa rebelde. Si no viene mañana a arreglar esto, usamos el contrato para demandarla.
—Un viejo maestro.
—¿Y dónde aprendiste?
—En el monte.
Liam entornó los ojos.
—¿Los años que estuviste desaparecida... viviste en el monte?
Alba por fin levantó la vista.
—¿Acaso el señor Góngora me está haciendo un interrogatorio policial?
—Simple curiosidad —Liam se puso de pie y acortó la distancia entre ellos—. Cómo una chica de buena familia termina siendo así...
—La curiosidad mató al gato —respondió ella.
Justo en ese momento, el celular de Alba vibró con un mensaje.
Lo miró de reojo. Era un número desconocido, pero al ver que empezaba con "rebelde", supo de inmediato que venía de los Moreno.
Seguro la buscaban por el asunto de las acciones.
Alba abrió el mensaje y, al leerlo, su rostro se volvió una máscara de hielo.

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