Fue entonces cuando Alba recordó el contrato que había firmado.
Revisó las cláusulas y comprobó que era el documento más abusivo de la historia.
¡Eran dignos de llamarse su "querida familia"!
Ya desde ese entonces habían estado conspirando en su contra.
Solo que ella, cegada por su deseo de encajar, no le había dado importancia.
Pero bueno, a lo hecho, pecho.
De todos modos, pensaba darse una vuelta por allá para resolver las cosas.
Si estaban tan desesperados por verla, iría con gusto, pero más les valía no arrepentirse.
Al ver cómo le cambiaba la cara, Liam preguntó:
—¿Ocurre algo?
Alba le tendió el celular.
Los dedos largos de Liam tamborilearon sobre el reposabrazos mientras sus ojos escaneaban la foto del contrato en la pantalla.
—Diez años, 500 millones de penalización, y la empresa decide qué trabajo te toca... —soltó una risa amarga—. ¿Los Moreno te contrataron como su esclava?
Alba mantuvo su expresión fría.
—Nunca me han tratado como a un ser humano.
Liam levantó la vista.
—¿Quieres que me encargue de esto?
Alba negó con la cabeza.
—No es necesario. Quiero ver hasta dónde llega su descaro. Mañana iré a verlos.
—Está bien, si necesitas algo, llámame —se ofreció Liam.
—De acuerdo, muchas gracias —asintió Alba.
De inmediato, respondió el mensaje confirmando que iría al día siguiente.
Al leer la respuesta, la familia Moreno sonrió con suficiencia, creyéndose victoriosos.
—Alba, somos familia, no hay necesidad de llegar a esto. Dale las acciones a tu hermano, es lo mejor para el crecimiento de la empresa...
Alba tomó el acuerdo de traspaso y le echó un vistazo.
Como lo sospechaba, esa era la trampa. Querían obligarla a soltar las acciones.
¡En sus sueños!
—Estas acciones me las dejó el abuelo. No voy a firmar —dijo Alba, cortante.
—¡Insolente! ¡Esas acciones son de la familia Moreno! ¡Si ya no eres parte de esta casa, devuélvelas! ¿Qué derecho tienes a quedártelas? —le recriminó Eduardo.
—Exacto. ¿No te da vergüenza quedarte con tanto tú sola? —la acusó Isaac.
Todo lo que sentían por Alba era pura envidia y resentimiento, porque ninguno de ellos tenía tantas acciones como ella.
Pero Arturo Moreno, que en paz descanse, sabía lo que hacía. Seguramente había visto cómo adoraban a la impostora y despreciaban a su propia sangre.
Por eso, antes de morir, le había dejado la mayor parte a Alba, para asegurarle el futuro.
Alba miró a esa supuesta "familia" frente a ella y solo sintió asco.

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