A pesar de sus esfuerzos, una fina capa de sudor frío le perló la frente.
—¡Rápido, pon el video! —exigieron los reporteros, ansiosos por el morbo de la situación.
Frente a las lentes de las cámaras, el video comenzó a reproducirse.
A Mateo y a Valeria se les subió el corazón a la garganta.
Miraban la pantalla con intensidad, rogando al cielo que todo hubiera sido un malentendido, o al menos, que no se viera tan mal.
Sin embargo, a medida que avanzaba la grabación, el rostro de Valeria se fue quedando sin una gota de sangre.
Como era de esperarse, la cámara de seguridad había captado con lujo de detalles la conversación entre Valeria, Alba y Rosalía, incluyendo cada uno de sus movimientos.
Todos vieron claramente cómo Valeria, mientras hablaba, se lanzó de forma brusca y deliberada hacia atrás, directo a las escaleras.
Como todos ya conocían el desenlace, pensaron que la grabación solo confirmaría la caída.
Pero para sorpresa de todos, en el video se vio cómo Alba reaccionó con precisión quirúrgica y la agarró del brazo antes de que cayera.
Ese movimiento demostraba, sin lugar a dudas, que Alba jamás la empujó.
Todo había sido un teatro orquestado por Valeria.
Pero lo peor vino después: el video mostraba a Valeria, con una terquedad enfermiza, forcejeando para soltarse y caerse a propósito, hasta que Alba no tuvo más remedio que soltarla.
Al ver la secuencia completa, quedó más que claro quién era la verdadera villana de la historia.
—¡A la madre, esto parece una telenovela de villanas! ¿Así que tanta intriga de la mosquita muerta era puro cuento?
—Yo casi me creo que Alba la había empujado, ¡quién iba a imaginar que existiera alguien tan loco como para tirarse sola con tal de hundir a otra! ¡Qué miedo!
—¡Esa supuesta niña buena resultó ser un verdadero demonio!
Mateo, por su parte, tampoco dijo ni media palabra. Se subió a la ambulancia junto a Valeria para escapar rápidamente de ese infierno.
Pero el verdadero dolor de cabeza apenas comenzaba. Ya podía imaginarse el festín que se darían los reporteros al llegar a sus redacciones.
¡Iban a aprovechar esta oportunidad de oro para despedazar a la imbécil de Valeria, exagerando cada detalle para pintarla como una manipuladora de lo peor!
Y lo más frustrante era que este escándalo no solo arruinaría a Valeria; se esparciría como la pólvora, manchando irremediablemente la imagen de Grupo Moreno.
Esos buitres de la prensa, hambrientos de clics, iban a destilar veneno puro en sus artículos. ¡Grupo Moreno iba a recibir el golpe sin tener culpa alguna!
Si las cosas seguían ese rumbo, los accionistas se le iban a echar al cuello sin piedad.
¡Él iba a pagar los platos rotos por culpa de esa inútil!
¡Tenía que hacer algo para evitar que eso sucediera!

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