—Perfecto. Si tienes tantas ganas de verlos, que alguien vaya a revisar las cámaras —respondió Alba. Si esa mujer quería cavar su propia tumba, ella con gusto le pasaría la pala.
—¡Revisar las cámaras tomará mucho tiempo! Mírate cómo estás, lo urgente ahora es llevarte al hospital para que te hagan una revisión completa. ¡Olvida todo lo demás por ahora!
Mateo fingió estar increíblemente preocupado por la estúpida, pero su instinto de supervivencia le gritaba que, bajo ninguna circunstancia, debían revisar esas grabaciones.
Para él, la única salida lógica era acabar con ese circo de inmediato y salir corriendo de allí.
Pero el lastre humano que tenía por hermana no pensaba rendirse:
—Mateo, sé que te preocupas mucho por mí, pero puedo aguantar el dolor un poco más. Esta vez, necesito limpiar mi nombre y exigir justicia.
El corazón de Valeria se llenó de júbilo. Al ver la "preocupación" de su hermano, sintió que el Mateo de antes, el que siempre la consentía y la protegía, había regresado.
Esa dulce sensación de triunfo la hizo sentir intocable. Era como volver a los viejos tiempos, donde era la princesita consentida de sus hermanos.
Sabía que era imposible que él dejara de quererla de un día para otro. Seguro la había tratado con frialdad antes solo para protegerla.
Pasara lo que pasara, hoy iba a hundir a Alba en el fango.
Mientras todos vieran que las cámaras estaban dañadas, aunque no hubiera pruebas definitivas, la semilla de la duda quedaría sembrada y el público asumiría que Alba la atacó.
Mateo, al ver su expresión triunfante, tuvo que morderse la lengua para no gritar: "¡Me importa un demonio si te duele!"
¿Preocuparse por ella? ¡Lo único que le aterraba era terminar salpicado por culpa de esta estúpida!
—Que revisen las cámaras de una vez, total, no se tarda nada. Supongo que la ambulancia ya viene en camino, ¿no? Podemos ver el video mientras esperamos.
—¡Claro! ¡Si queremos saber quién dice la verdad, las grabaciones lo aclararán todo!
Los periodistas, que vivían para el caos, empezaron a alborotar el ambiente. Todos clamaban por ver el dichoso video.
Si todos los presentes, incluyendo a Alba, que era la principal sospechosa, exigían ver las pruebas, ¿cómo era posible que Valeria siguiera sin entender el peligro?
¿O acaso tenía algún as bajo la manga que le daba tanta confianza para no temerle a las cámaras?


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