También notó que el cambio de actitud de Ignacio había sido demasiado rápido. Sentía que había una trampa gigante escondida en todo aquello.
Pero, con trampa o sin ella, meter a Valeria en el programa ya era un hecho indiscutible.
Su hermano mayor estaba demasiado ocupado para cuidarla, y aunque Isaac era quien tenía más experiencia lidiando con la industria del entretenimiento...
Esta vez, el núcleo del programa era promocionar al Grupo Moreno, y los proyectos a mostrar eran la joya de la corona de la empresa.
Por lo tanto, Isaac tampoco era el indicado para supervisar a Valeria.
Al final, parecía que la tarea de hacer de niñero le tocaría a él, quisiera o no.
—Bueno, está bien. Conmigo ahí, Valeria no causará ningún problema. Puedes estar tranquilo, Ignacio.
Pablo siempre se había considerado un hombre prudente que velaba por el panorama general. Asegurarse de que Valeria no metiera la pata no sería tan difícil.
Además, aprovecharía el programa para hacerle toda la publicidad posible al Grupo Moreno y aportar su grano de arena a la familia.
—Sin problema. Contigo ahí, estaré más que tranquilo. Sé que no habrá inconvenientes.
¡Claro que no estaría tranquilo si no hubiera problemas!
Si no pasaba nada escandaloso, ¿de dónde iban a sacar el rating?
Ignacio decía una cosa con la boca, pero en su mente planeaba algo completamente distinto.
Tras cerrar el trato con aparente alegría, Ignacio se despidió y se marchó caminando a paso veloz.
Estaba sumamente satisfecho con la selección de participantes; la mitad no pertenecía al mundo del espectáculo.
Y aunque no fueran artistas, su peso era mucho mayor.
Mucha gente sentía curiosidad por la vida de los herederos millonarios, sobre todo cuando eran hombres tan guapos y adinerados.
Especialmente con la inclusión de Liam Góngora; el programa generaría controversia hasta por accidente.

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