—No te preocupes, mamá. Prometo portarme bien y hacerte caso.
Valeria fingía docilidad, con una actitud de no atreverse a contradecir ni una palabra, lo cual naturalmente dejó muy satisfecha a Sara.
¡Sin embargo, por dentro se moría de ganas de darle dos bofetadas a Sara!
Una mujer estúpida que no era nadie, que solo tuvo la suerte de nacer en cuna de oro y la inmensa fortuna de casarse con la familia Moreno. ¡No tenía derecho a sermonearla!
Si no fuera para preparar el terreno de lo que estaba por venir, ni se molestaría en seguirle la corriente.
—Me alegra que seas obediente. En un momento me acompañarás a...
Las palabras de Sara fueron interrumpidas. De repente, a poca distancia, un automóvil se descontroló y se dirigió a toda velocidad directamente hacia ella.
Estaba a punto de arrollarla.
—¡Mamá, cuidado!
Sin pensarlo dos veces, Valeria se abalanzó y empujó a Sara lejos del peligro, pero ella misma fue embestida por el vehículo fuera de control.
La tremenda fuerza del impacto hizo que Valeria saliera volando por los aires. Cayó pesadamente contra el asfalto, y la sangre no tardó en teñir de rojo su vestido.
Sara se quedó paralizada del terror ante aquel giro inesperado. Su rostro perdió todo el color, y las piernas le temblaron tanto que casi se desploma.
Soltó un grito ensordecedor, con la voz quebrada por el pánico:
—¡Vale! ¡Vale, mi niña, ¿estás bien?!
Los transeúntes también quedaron en shock y comenzaron a reunirse alrededor.
El coche que provocó el accidente aceleró y desapareció tras el impacto, probablemente dándose a la fuga para evadir cualquier responsabilidad.
—Mamá, estoy bien... es solo... me duele mucho, me duele todo el cuerpo —murmuró Valeria, aferrándose débilmente a Sara y manchándola con su propia sangre.
Ver la sangre empapando su ropa aterrorizó a Sara. Jamás había experimentado algo tan traumático.
Pero en ese instante no le importó nada más; la sostuvo entre sus brazos temblorosos mientras las lágrimas brotaban sin control:
—Vale, resiste por favor. La ambulancia ya viene en camino.

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