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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 510

A Alba le quedó clarísimo que el amigo de Liam Góngora había venido solo a hacer el ridículo.

Con esas habilidades de pelea, si esto fuera una serie, no sobreviviría ni al tercer capítulo.

Pero aunque no servía para pelear contra todos, sí que servía para sacar a Tamara del lugar.

Mientras él lograra poner a su amiga a salvo, ella podría desplegar todo su poder sin preocuparse de proteger a nadie.

—¿Se... se... seguro que puedes sola? ¡Tengo miedo de que te hagan puré! —balbuceó Luciano, bloqueando un golpe a duras penas.

Tampoco quería salir corriendo y abandonarla así como así; si su amigo Liam se enteraba, lo mataría ahí mismo.

Él había ido a ese pueblucho a cerrar un negocio importante.

Y antes de siquiera firmar los papeles, terminó metido en este lío para salvar a la amiga de Alba.

¡Si huía como un cobarde, Liam le haría la vida tan miserable que desearía estar muerto!

¡Dios, qué mala suerte tenía!

Tener que decidir en medio de semejante pesadilla.

—¡Llévate a Tamara y vete de una vez! Puedo manejar esto. ¡Si te quedas, nos van a matar a todos!

—¿Lo dices en serio o solo es por cortesía? —preguntó él, sudando frío.

Si la chica solo se estaba haciendo la valiente y él la dejaba morir, ¡su amigo lo descuartizaría y alimentaría a los perros con sus restos!

—¡¿Te parece momento para formalidades?! ¡¿Te largas o no?! ¡Si no te vas, yo misma le daré las quejas a tu amigo!

¡Era la primera vez que Alba sentía tantas ganas de estrangular a alguien!

¡En medio de una lluvia de cuchilladas, este idiota quería hablar de cortesía!

—Bue... bue... bueno, ¡ten mucho cuidado! ¡En cuanto la deje en un lugar seguro, vuelvo a rescatarte!

Con las cosas claras, Luciano supo que si se quedaba más tiempo, sería hombre muerto.

Usó el terreno a su favor, despistando rápidamente a sus perseguidores.

Ambos corrieron como si no hubiera un mañana, hasta que perdieron el rumbo por completo.

Pero, por suerte, ya no escuchaban pasos detrás de ellos.

Tamara se dobló por la cintura, apoyando las manos en las rodillas mientras trataba de recuperar el aliento. Su rostro aún reflejaba el terror.

—¿Crees... crees que ya los perdimos? —preguntó con la voz temblorosa.

Luciano se secó el sudor que le empapaba la frente.

—Parece que por ahora sí. Pero no podemos quedarnos aquí parados; esos tipos seguro que nos siguen buscando.

Tamara asintió, aunque el pánico brillaba en sus ojos.

—Pero Alba se quedó atrás... Son demasiados, ¿qué pasa si la lastiman?

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