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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 512

Eran apenas pasadas las 9 de la noche, pero los habitantes del pueblo parecían estar todos dormidos; todo estaba oscuro y era casi imposible encontrar a alguien a quien pedirle indicaciones.

Y cuando por fin encontraron a una persona, no le entendieron nada debido a su acento tan cerrado.

—Tengo una idea de dónde estamos, pero será complicado que la señorita Moreno venga hasta aquí. ¿Qué tal si cada quien busca un lugar para descansar y nos reunimos mañana a primera hora?

Luciano había ido hasta ese lugar para negociar la compra de unos terrenos con la intención de construir un complejo turístico.

Por eso, conocía un poco la zona y sabía cómo podrían encontrarse.

Pero como ya era de noche y el transporte era escaso, lo mejor era que buscaran un motel cercano para dormir.

El punto más crucial e importante de todo esto era que, en ese momento, no se atrevía a acercarse a Alba.

Porque sabía que su mejor amigo debía estar en camino a buscarla, y cuando descubriera lo inútil que había sido para protegerla, seguramente le daría una paliza ahí mismo.

Qué miedo, qué terror, mejor desaparecer por ahora.

—Sí, no hay problema, nos vemos mañana.

Alba, por supuesto, ignoraba los verdaderos motivos de Luciano.

Simplemente pensó que, dado lo tarde que era, Tamara estaría a salvo con él.

Ese hombre parecía un inútil, pero sus habilidades para huir y salvar el pellejo eran de primera.

Además, después de todo el camino recorrido y de haber peleado tanto, ella estaba genuinamente exhausta.

Y lo más importante: no sabía si había más asesinos acechándola.

Al fin y al cabo, ella era el objetivo principal. Si Tamara y Luciano se quedaban con ella, corrían el riesgo de volver a salir perjudicados.

Con el acuerdo hecho, Alba regresó al lugar del enfrentamiento, tomó el mototaxi que había usado antes y condujo hasta un motel cercano.

En un lugar tan rústico y con tan poco transporte, tener una moto para moverse era una bendición.

Acababa de pelear sola contra una docena de hombres, estaba muerta de cansancio y no tenía la más mínima intención de caminar.

Alba estacionó el vehículo frente a un pequeño motel que se veía decentemente limpio y entró a pedir una habitación.

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