Al entrar, se dio cuenta de que la situación era mucho mejor de lo que había imaginado.
La habitación más grande y cara no era más que un cuarto doble bastante común.
Aunque no era muy espaciosa, transmitía esa sensación de ser pequeña pero tener todo lo necesario.
Al menos estaba limpia y ordenada, suficiente para pasar la noche.
Alba se dio un baño rápido y se acostó en la cama para descansar.
La señal ahí era terrible. Quiso revisar las redes sociales, pero al intentar abrir un video, la pantalla se quedó cargando una eternidad sin reaccionar.
Los mensajes de texto entraban de milagro y las llamadas apenas conectaban.
Fue entonces cuando por fin pudo abrir su aplicación de mensajes y descubrió que Liam le había escrito varias veces.
*¿Dónde estás?*
*Tu teléfono manda a buzón.*
*¿Puedes contestar cuando veas esto?*
Al ver la insistencia del hombre, se dio cuenta de que él parecía saber dónde estaba y que algo peligroso había ocurrido.
Seguramente Luciano le había contado todo el alboroto.
Alba le respondió rápidamente: *Estoy bien, no te preocupes*, y pensaba escribirle algo más.
Pero justo en ese momento, un ruido extraño empezó a escucharse desde la pared de al lado.
Era el rechinido inconfundible de una cama moviéndose rítmicamente.
Poco después, le siguieron voces muy subidas de tono.
—Ay, despacio, me duele.
—Estás preciosa, mi amor, ¡no me puedo controlar, discúlpame!
—Ay, qué bárbaro, ¡eres mucho mejor que mi marido!
Alba se quedó petrificada.
¿Esta era la habitación más "tranquila" del lugar?
La insonorización era... un completo desastre.
Alba no quería escuchar nada de eso, pero se vio obligada a oírlo todo, poniéndose roja como un tomate.
Sin aguantarlo más, golpeó la pared con los nudillos para advertirles que bajaran el volumen.
Tras el golpe, los de al lado parecieron detenerse unos segundos.

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