En un pueblito tan remoto como ese, cuando aparecía un auto normal, la gente creía que había llegado el hombre más rico de la región.
Si de repente aterrizara un helicóptero, ¡probablemente a todos les daría un infarto!
Sería un alboroto tan grande que todo el pueblo saldría de sus camas y los rodearía como si fueran animales de circo. Definitivamente no era una buena idea.
Solo de imaginar la escena, Alba sintió un escalofrío recorriéndole la espalda.
—No, no hace falta. Pide una habitación para ti y pasamos la noche aquí, no pasa nada.
—¡Me niego! A menos que me quede en tu habitación —soltó Liam, revelando su verdadero objetivo.
—¿Por qué? ¡Si hay un montón de habitaciones libres! Y si quieres esta porque es la más grande, te la cedo sin problema.
Alba lo miró sorprendida, consciente de que un hombre de su nivel jamás podría dormir en una habitación pequeña y de mala muerte.
Si la habitación en la que ella estaba, que supuestamente era la mejor, lucía así, no quería ni imaginarse cómo serían las demás.
—No es cuestión de tamaño. ¿Acaso no escuchas lo mal que aíslan el sonido estas paredes? Solo Dios sabe lo que está haciendo la gente de al lado.
—Es peligroso que una chica como tú duerma completamente sola. Así que, si nos quedamos, tiene que ser juntos en esta habitación.
—De lo contrario, pediré el helicóptero y nos vamos ahora mismo.
La actitud de Liam era implacable, sin dar la más mínima señal de ceder.
Sin embargo, tras lanzar su ultimátum, suavizó el tono:
—Tranquila, te juro que no haré nada indebido. Dormiremos en lados separados de la cama, o si prefieres, yo duermo en el suelo.
Solo había una cama doble en el cuarto. Ni siquiera un sofá. Así que las opciones eran compartir o que uno durmiera en el piso.
—Este... —Alba lo dudó un instante.
Confiaba ciegamente en la integridad de ese hombre.
Y sus palabras tenían lógica; en ese lugar entraba y salía gente de todo tipo, no podían descartar que alguno de los asesinos se hubiera infiltrado.

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