—Albita, ¿cómo puedes acusarme tan injustamente? Mira bien de qué lado estamos. ¿Quién fue la que cruzó la línea?
—¿Y quién fue la que estuvo toda la noche arrinconándose en mis brazos, eh?
Sus palabras lograron que Alba saliera de su trance.
Solo entonces se dio cuenta de que, efectivamente, había sido ella quien atravesó la famosa barrera que había creado.
Y no solo eso, lo había arrinconado tanto al borde de la cama que, si se hubiera movido un milímetro más, lo habría mandado directo al suelo.
Era un claro caso de tirar la piedra y esconder la mano, lo que hizo que el rostro de Alba se encendiera de una profunda vergüenza.
—Mira mis ojeras, por tu culpa no pegué un ojo en toda la noche; me tuviste al borde del abismo.
Liam se señaló los ojos con el dedo, fingiendo una expresión de máxima aflicción y desamparo.
—Este... yo... no fue a propósito. —Alba estaba genuinamente apenada—. De verdad, no entiendo cómo terminé ahí.
¿Por qué había pasado algo así?
Por lo general, su forma de dormir era muy tranquila, rara vez daba vueltas o se movía demasiado.
Probablemente había sido el entorno desconocido, una cama extraña... sí, seguro fue eso lo que provocó ese comportamiento errático.
Al no encontrar otra explicación, se aferró a la única excusa razonable que le cruzó por la mente.
—Dices que no fue a propósito, pero casi me tiras al piso. No dormí nada y ahora sales con que no sabes por qué lo hiciste.
Se hacía la víctima a pesar de haber salido ganando; ese era Liam en todo su esplendor.
Había estado aprovechándose de la cercanía y disfrutando internamente como un niño toda la noche.
Pero claro, tras soportar el dulce tormento de "mirar pero no tocar", no dudaba en soltar aquel chantaje emocional con la cara más seria del mundo.
—Ejem, bueno, en cuanto volvamos a casa podrás dormir todo lo que quieras.
Temiendo que siguiera presionando con el tema, Alba cambió rápidamente de dirección.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada