—La verdadera heredera está justo aquí. ¿Ella qué es? Solo alguien que vivió de arrimada en la familia Moreno por un par de años.
Se notaba a leguas que Valeria no había recibido la educación tradicional de una familia de prestigio ni entendía las reglas de etiqueta de la alta sociedad.
Evidentemente era una mujer de mentalidad pequeña y vulgar; la diferencia entre ella y una verdadera hija de la élite era abismal.
Que la trataran como un tesoro solo demostraba que estaban ciegos.
Mientras más veía cómo los Moreno despreciaban a Alba y no la trataban como a su propia sangre, menos paciencia tenía Liam para ser cortés con ellos.
El respeto se gana, nadie tiene la obligación de regalarlo.
Pablo apretó los puños. Jamás imaginó que Liam humillaría a los Moreno de esa forma frente a todos.
Pero sabía muy bien que el poder del magnate era abrumador y no podía darse el lujo de ofenderlo.
Respiró profundo, haciendo un esfuerzo monumental por mantener la calma.
—Señor Góngora, este es un evento de gran importancia. Le pido que no haga una escena desagradable.
Liam lo miró con absoluto desdén.
—¿Yo estoy haciendo una escena? Ustedes son los que vinieron a hacer el ridículo. Si no fuera por el respeto que le tengo a Albita, ni siquiera estaría perdiendo mi tiempo hablando con usted.
Pablo apretó los dientes. Era evidente que Liam sentía algo profundo por Alba, y por ende, veía a la familia Moreno como sus enemigos.
Recordó que su hermano menor, Isaac, le había advertido alguna vez que no se enfrentara directamente a Liam, porque era un hombre arrogante y de palabras venenosas.
En ese momento, Pablo no le había dado importancia.
Pensaba que la familia Moreno, al ser una de las diez más importantes de Nueva Alborada, merecía un trato respetuoso incluso de los Góngora, que estaban en la cima.
Después de todo, las grandes familias siempre tenían conexiones y colaboraban entre sí.
Por mucha fricción que hubiera a puerta cerrada, en público siempre guardaban las apariencias.

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