—Así que esta es la joven señorita Moreno, ¿verdad? Vaya que se parece mucho al director Moreno y a su esposa.
Clara miró a Alba con una sonrisa educada y amigable, pero en el fondo de sus ojos se ocultaba una pizca de resentimiento.
¡Cada vez soportaba menos a esa mocosa!
—Debe ser que la vista le está fallando, porque nadie nunca ha dicho que me parezca a ellos.
Alba no tenía la menor intención de ser amable con ella y le respondió de frente.
—Alba, ¿cómo le hablas así a la tía de Valeria? ¡Qué falta de respeto, después de todo es una señora mayor!
Y ahí estaba Pablo, queriendo llamar la atención y dándoselas de moralista de nuevo.
—Con quién quiera hablar Alba, cómo quiera hacerlo o si decide no hablar, es su problema. No es algo en lo que un hermano de pacotilla como tú deba meterse.
Antes de que Alba pudiera defenderse, Liam Góngora fue el primero en arremeter contra él.
Con tal de hablar por ella y protegerla, no le importaba que lo llamaran grosero o hiriente.
Fue la primera vez que Alba lo miró con auténtica admiración.
*Nada mal, bien hecho. Hay personas que simplemente nacieron para que las pongan en su lugar.*
No pudo evitar darle unos puntos extra a aquel hombre en su lista mental.
Pablo, furioso y con ganas de devolverle el insulto a gritos, se contuvo al recordar que era un evento importante con muchas figuras reconocidas presentes.
La poca cordura que le quedaba le obligó a tragarse sus malas palabras.
Esa expresión de querer decir algo y no poder hacerlo libremente era tan patética como ridícula.
—Señor Góngora, siempre escuché que era un hombre de pocas palabras y un poco distante, no esperaba que tuviera momentos tan conversadores.
Cuando se trataba del arte de hablar, Clara también era una experta.
Sus palabras eran corteses, educadas y guardaban las formas, pero escondían una clara burla y un tono de insinuación.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada