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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 57

De vuelta en el palco, Luciano y Samuel aún no lograban procesar lo que acababan de presenciar.

—¡Alba, estuviste increíble! ¡Por favor, acéptame como tu aprendiz! —suplicó Luciano, mostrando un pulgar arriba en actitud de lamebotas.

Antes de que Alba pudiera responder, Liam le lanzó una mirada gélida.

—¿Aprendiz? Con la inteligencia que te cargas, podrías pagar clases toda tu vida y seguirías sin entender.

—¡Liam, eso dolió en el alma! —protestó Luciano, indignado.

Aunque en el fondo sabía que comparado con él, sí estaba un escalón por debajo...

Samuel, que prefería evitar problemas, le sirvió una copa a Alba y se la entregó.

—Alba, esa jugada de hacerte la mosquita muerta para ganar fue simplemente maestra.

—Solo sirvió para asustar a los cobardes que se creen expertos apostando —respondió ella con naturalidad.

Las comisuras de los labios de Luciano y Samuel temblaron.

Esto... ¿esa indirecta también iba para ellos?

Siempre habían pensado que Liam era el jefe final que los aplastaba en cada partida, y creyeron que podrían usar a Alba para subir su autoestima.

Ahora se daban cuenta de lo ridícula que era esa idea.

¡Alba era mucho más implacable y calculadora que el propio Liam!

Como no daban la talla, su único destino era ser masacrados.

Ahora la miraban con pura admiración.

Liam sonrió; le fascinaba esa actitud dominante y segura de Alba.

Por otro lado, después de perder todo ese dinero, a Isaac se le quitaron las ganas de seguir en el bar.

Al pensar en cómo Alba lo había humillado y desplumado, sentía que se ahogaba en su propio coraje.

Maldita sea.

Al llegar a casa, no pudo evitar desahogarse con su familia.

Como era de esperarse, todos los Moreno comenzaron a insultar a Alba.

—¿Es que nadie puede poner a esa mocosa en su lugar? ¡Se cree la dueña del mundo! —exclamó Isaac, furioso.

Eduardo Moreno se quedó pensativo.

—Mañana mismo preguntaré.

Al fin y al cabo, era su hermana, y él también tenía un mal presentimiento.

A la mañana siguiente, Eduardo intentó llamar a Lana, pero el teléfono estaba apagado.

Entonces, contactó al mayordomo de la familia Zamora, quien le respondió: —La señora ha estado delicada de salud y actualmente se encuentra en el hospital.

Eduardo sintió un nudo en el estómago y ordenó que averiguaran más.

Pronto recibió la noticia: Lana tenía un tumor cerebral y los médicos estaban evaluando las opciones de tratamiento.

La noticia cayó como un balde de agua fría sobre los Moreno.

—¡¿Cómo es posible que los Zamora nos ocultaran algo tan grave?!

Los ojos de Isaac brillaron con malicia.

—Papá, ¿y si hacemos que la tía regrese al país para la cirugía? Nuestros cirujanos son excelentes, y además podemos combinar tratamientos médicos con terapias alternativas. Así, de paso, tendríamos el control sobre su situación.

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