Incluso esos accionistas que antes no la apoyaban y tenían quejas sobre ella, ya no se atrevían a abrir la boca.
En ese momento, Mateo entró a su oficina.
—¿Podemos hablar?
—¿Puedo decir que no? —Alba sonrió con ironía.
Ya había entrado, era evidente que no aceptaría un 'no' por respuesta. ¿Para qué molestarse en preguntar?
Aunque el hombre frente a ella ya no la trataba con sarcasmo ni se desvivía por defender a Valeria, Alba seguía sin poder verlo a los ojos.
No importaba que ahora estuviera arrepentido, el pasado no se podía borrar.
Sin importarle su frialdad, Mateo tomó asiento frente a ella, ignorando su comentario.
—Mamá me dijo que almorzó contigo hoy. ¿Dijo que te niegas a ayudar al Grupo Moreno?
—¿Ayudar al Grupo Moreno o ayudarte a ti?
Usaba el nombre de la empresa como excusa, pero en el fondo, solo buscaba su propio beneficio.
—Todo lo que hago es por el bien de la empresa. Solo te pido que hables con el Maestro Juárez. Te juro que después de esto, no volveré a molestarte.
—¿Y si digo que no?
Era el mismo discurso que había escuchado de Doña Sara hace un rato. Alba empezaba a perder la paciencia.
—Alba, sé que me odias. Me odias por haber preferido a Valeria y por haberte hecho la vida imposible. Créeme, me arrepiento cada día de mi vida.
—Fui un idiota y confié en la persona equivocada, pero te juro que nunca más cometeré ese error.
—También te prometo que, si quieres destruir a Valeria, te apoyaré sin dudarlo y con todas mis fuerzas.
—¿Qué dices? ¿Hacemos las paces? Podemos volver a ser los hermanos unidos de antes.
Mateo había dudado mucho antes de entrar a esa oficina.

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