Después de enviar ese mensaje, cerró el chat y volvió al sistema operativo habitual de su teléfono.
Para evitar que piratas informáticos se infiltraran en sus comunicaciones, Alba tenía la precaución de utilizar un sistema dual.
La información que acababa de recibir era abrumadora, con nuevas pistas sobre esa malvada organización.
Necesitaba digerirlo poco a poco y también despejar su mente.
Alba se quedó pensativa un rato, hasta que Fernanda Orozco entró en la oficina y la interrumpió.
—¡Amiga! ¿Aún no comes? ¿Vamos juntas?
Era raro que Fernanda lograra atrapar a esa chica tan ocupada, así que no iba a perder la oportunidad de arrastrarla a almorzar.
—Claro, ¿a dónde quieres ir? ¿Le decimos a Tamara?
—No hace falta, últimamente está tan ocupada entrenando a los nuevos talentos que parece que desapareció del mapa.
Alba sonrió al escucharla.
—Tener trabajo es bueno, significa que hay futuro.
Las dos salieron entre risas hacia un restaurante que Fernanda había recomendado, un lugar muy elegante.
Allí servían unos platillos y postres exquisitos y muy refinados.
Aunque su especialidad era el almuerzo, también ofrecían cenas maravillosas.
El lugar estaba en una zona muy exclusiva, justo al lado de un lujoso centro comercial, por lo que siempre estaba concurrido.
Sus clientes eran todos de la alta sociedad, y era un sitio especialmente popular entre las señoras de alcurnia.
De hecho, en cuanto entraron, se toparon frente a frente con doña Inés Jiménez.
—¡Vaya, señorita Moreno! Qué sorpresa encontrarla por aquí. ¿También viene a comer?
La anciana vestía con mucha elegancia, llevando un chal finísimo sobre los hombros.

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