Al día siguiente, la condición de Lana mejoró lo suficiente como para salir de Cuidados Intensivos. Sin embargo, para garantizar que descansara adecuadamente, Alba ordenó que la instalaran en una suite VIP privada.
Una vez instalada, Lana abrió los ojos.
Al ver entrar a Alba, estiró su mano sin fuerzas.
—Albita...
Alba se acercó de inmediato para sostenerla.
—Tía Lana, ¿cómo te sientes?
—Muy bien... estoy bien... —Lana tenía los ojos cristalizados—. Tu tía está muy orgullosa de ti...
A Alba se le humedecieron los ojos, y le apretó la mano con ternura.
—Tía Lana, tú dedícate a descansar, yo me encargaré de todo lo demás.
Lana asintió débilmente y poco después se quedó dormida.
Alba le acomodó las mantas y salió de la habitación.
La familia Moreno era realmente despreciable. Como ya no podían sacar provecho de la situación, ni siquiera se dignaron a aparecer ese día.
Pero mejor así, al menos no molestarían a su tía.
Después de todo, su único propósito era utilizarla como moneda de cambio para chantajearla.
Alba caminó por el pasillo dispuesta a ir a la oficina del médico para revisar los resultados de los análisis. Sin embargo, se cruzó de frente con Patricio Quintana.
El hombre iba impecablemente vestido con un traje y llevaba un ramo de lirios en la mano. Era evidente que venía de visita.
Alba detuvo sus pasos; su mirada se volvió helada en cuestión de segundos.
—¿Qué haces aquí?
Patricio la observó con una mezcla de emociones y bajó la voz.
—Me enteré de que operaron a tu tía y vine a verla.
En el pasado, Lana había estado al tanto de la relación entre Patricio y Alba.
—Señor Quintana, ¿se le olvida que rompimos nuestro compromiso y que ya no tenemos nada que ver el uno con el otro?
¿Cómo tenía el descaro de sacar el tema a relucir?
A Alba se le estaba acabando la paciencia. ¿Ese tipo no entendía razones?
¿Por qué seguía acosándola? ¿No se suponía que estaba felizmente emparejado con Valeria?
El rostro de Patricio se tensó y un destello de arrepentimiento cruzó por sus ojos.
—Lo de ese día... fue un error de cálculo. Te prometo que no volverá a pasar —intentó excusarse.
En el fondo, él seguía creyendo que no había hecho nada malo. Después de todo, salvar una vida era más importante que una fiesta de compromiso.
—¿Un error de cálculo? —Alba lo fulminó con la mirada—. Patricio Quintana, ¿a quién pretendes engañar? Pero ya no importa, no tiene sentido seguir hablando de esto. A partir de ahora, somos unos completos desconocidos.
Patricio guardó silencio unos instantes. Luego alzó la mirada, fijando sus ojos ardientes en ella.
—Albita, ¿y si te dijera... que de quien estoy enamorado es de ti?

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