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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 66

Alba se quedó paralizada un segundo, antes de soltar una risa amarga.

—Patricio Quintana, solo me causas asco.

Al darse la vuelta para irse, Patricio la tomó del brazo con desesperación.

—Alba, por favor, hablemos.

—¡Suéltame! —Alba se zafó de un tirón, lanzándole una mirada feroz—. Patricio, no me obligues a perderte el poco respeto que te queda.

Esa mirada gélida hizo temblar a Patricio, y aflojó el agarre instintivamente.

En ese instante, una voz dulce y quejumbrosa resonó por el pasillo.

—¡Patricio!

Valeria se acercó a paso rápido y se aferró al brazo de Patricio de forma íntima, mientras miraba a Alba con actitud desafiante.

—Alba, ¿cómo puedes hablarle así a Patricio?

¡Maldita Alba!

¿Por qué seguía atormentándola como un fantasma?

El día anterior, ella misma le había soltado el dato a Patricio para ver cómo reaccionaba. Jamás imaginó que él aparecería en el hospital a primera hora.

Valeria estaba que echaba humo.

¿Acaso Patricio seguía pensando en esa cualquiera?

Si no, ¿por qué salió corriendo apenas se enteró de la noticia? Y para colmo, seguía buscándola.

Los ojos de Valeria destilaban odio puro hacia Alba.

Pero a Alba ni le importó, simplemente se giró para irse.

Valeria no estaba dispuesta a dejarla en paz y puso cara de víctima.

—Alba, te juro que entre Patricio y yo no hay nada. Nos malinterpretaste. Te lo suplico, no lo trates así, él de verdad se preocupa por ti.

Alba frenó en seco, giró la cabeza y la miró con desdén.

—Valeria, ¿no crees que te das demasiada importancia? Además, te recuerdo que no soy un basurero; no ando reciclando desechos.

La sonrisa de Valeria se congeló.

—Recoges al hombre que yo tiré a la basura como si fuera un trofeo, y encima vienes a lucirlo frente a mí —continuó Alba con una sonrisa irónica—. ¿Qué pasa? ¿Te aficionaste a recoger mis sobras?

Valeria palideció de la furia y volteó a ver a Patricio.

—¡Tú...! Patricio, ¿ya viste cómo me trata?

Caía redondito cada vez.

Para él, Valeria era un ángel incapaz de decir una mentira.

Al notar la mirada de Alba, Patricio cambió de expresión y trató de justificarse.

—Alba, Valeria se siente mal...

Alba soltó una carcajada fría, cortándolo en seco.

—Patricio Quintana, sigues siendo el mismo ingenuo de siempre.

Dirigió una mirada afilada hacia Valeria.

—Ya que te sientes tan mal, y por suerte estamos en un hospital, ¿qué tal si llamo a un médico para que te revise?

Valeria palideció y se escondió detrás de Patricio por inercia.

—N-no hace falta...

—¿Qué pasa? ¿Tienes miedo de que te descubran? Te aconsejo que cambies de estrategia, esa ya está muy gastada —dijo Alba, dando un paso hacia ella.

—Patricio... —murmuró Valeria aferrándose a la manga del traje de Patricio, con un destello de terror en los ojos.

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