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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 658

—Je, je, se los dije, mi muchacho se ha lucido esta vez —comentó Susana con orgullo.

Como cómplice de su hijo, ver cómo interactuaban y las miradas que compartían la llenaba de alegría.

Siendo una mujer con experiencia, sabía perfectamente lo que significaban esas miradas.

Con gran entusiasmo, le pidió al mayordomo que sirviera la mesa y se encargó de sentarlos a los dos juntos.

—Ay, Albita, gracias a ti voy a poder probar la comida que hizo mi propio hijo. Estoy tan feliz, ¡vamos, pruébala ya! —Susana volvió a suspirar con melancolía, recordando que los hijos criados terminaban siendo para alguien más.

Menos mal que ella era de mente abierta; mientras la parejita fuera feliz, todo estaba bien.

Cuando se jubilara, se dedicaría a sus pasatiempos, a salir con sus amigas y a cuidar de sus nietos cuando tuviera tiempo libre.

¡La comida del chico guapo está deliciosa!

Simoncito fue el primero en probar bocado y, moviendo las manos con entusiasmo, usó el lenguaje de señas para darle una calificación perfecta a Liam.

—¡Vaya, qué delicia! Este filete está súper suave y jugoso. Y la pasta también está buenísima —añadió Susana, maravillada—: Esta mezcla de comida está increíble. Y estas alitas glaseadas son tus favoritas, Albita, así que come bastante.

Emocionada, Susana levantó el pulgar en señal de aprobación, volviendo a esforzarse por elogiar a su hijo frente a su futura nuera.

—Claro que sí —asintió Alba.

La pasta y el filete estaban muy bien presentados, se veían deliciosos y, en efecto, sabían muy bien.

Hacer ese pescado agridulce tampoco era tarea fácil, pero este hombre no solo lo había logrado, sino que le quedó riquísimo.

Alba no tuvo ningún reparo en tomar un gran bocado con los palillos, llenándose las mejillas, y sin olvidar decir:

—¡Qué rico!

Escuchar eso tranquilizó a Liam al instante.

Verla con las mejillas infladas mientras comía le pareció la cosa más adorable del mundo.

—Mmm, si te gusta, puedo cocinar para ti todos los días.

Las palabras de su hijo hicieron que Susana se llevara las manos al rostro, emocionada y con ganas de gritar.

¡Aaaah! Su hijo sí que sabía qué decir.

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