Valeria se quedó pálida como un fantasma, temblando de pies a cabeza mientras gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas. Lucía completamente aterrorizada.
—¡No... no es cierto! ¡Esa grabación es falsa! ¡Alba la alteró con inteligencia artificial! ¡Ella siempre ha querido destruirme!
Alba rio con burla:
—¿Falsa? ¿Quieres que vayamos ahora mismo a un perito para que la examinen?
Dio un paso hacia adelante, con la mirada afilada:
—Valeria, te buscaste esto tú solita. Me quisiste tender una trampa, pero no caí en tu juego. Estabas desesperada por verme humillada, pero mira qué cosas, los matones se equivocaron de persona, ¡así que te lo tienes bien merecido!
—Qué hipócrita eres tratando de voltear las cosas a tu favor. Pero el karma no perdona... y al cielo no se le escapa nada. ¡El que la hace la paga!
Valeria se derrumbó llorando a gritos:
—¡No fui yo! ¡Te juro que no fui yo! ¡Me está calumniando!
Patricio la observó con una mirada compleja; por primera vez empezó a dudar de ella.
Mateo dijo en voz baja:
—Llegaré al fondo de todo esto.
Alba guardó el teléfono y dijo con indiferencia:
—Hagan lo que quieran. Si deciden proceder legalmente, cooperaré con gusto.
Echó un vistazo general con una sonrisa sarcástica asomándose en sus labios:
—Si se atreven a intentarlo otra vez, ¡les juro que se arrepentirán de haber nacido! No pongan a prueba mi paciencia. Esta es la última vez que doy explicaciones, ¡para la próxima voy directo al cuello!
Tras decir eso, dio media vuelta para irse.
—¡Espera! —habló de repente Patricio, con la voz profunda y llena de conflicto.
Alba detuvo sus pasos, pero no volteó:
—¿Qué se le ofrece, Patricio?
Patricio guardó silencio un instante y al fin dijo:
—...Perdón, te juzgué mal.
Esas palabras dejaron helados a todos en la habitación.
Alba rio suavemente, con un toque de burla en el tono:
Pero rápidamente, Sara apartó ese sentimiento.
Estaba convencida de que Valeria solo había actuado así porque estaba acorralada.
Sara le dio unas palmaditas en la espalda, llena de dolor:
—Mamá lo sabe, esta vez fuiste tú la que sufrió.
Valeria, al escuchar esto, lloró todavía más, como si fuera la víctima de la mayor injusticia:
—Papá, mamá, tienen que creerme... No lo hice a propósito, fue un accidente, pero Alba siempre me ha odiado...
Nadie dijo nada más; lo único que podían hacer era tranquilizarla y decirle que se recuperara.
Este episodio finalmente quedó atrás.
Pero el odio de Valeria hacia Alba creció todavía más.
¿Por qué Alba tenía tanta suerte de salir ilesa de cada trampa?
La próxima vez, Alba no correría con tanta suerte.

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