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ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA romance Capítulo 20

—¡Mamá! —Valeria se quedó boquiabierta. Nunca pensó que la tortilla se le fuera a voltear de esa manera—. Yo...

—¿Tú qué? —Claudia le lanzó una mirada fulminante.

A Valeria se le encogió el corazón y ni se atrevió a sostenerle la mirada.

—Na... nada.

Claudia volvió a centrar su atención en Yolanda.

—¿Ahora sí ya estás contenta?

Yolanda asintió.

—Pues algo.

Claudia la repasó con la mirada disimuladamente, luego se enderezó y fingió estar avergonzada.

—Ay, don Ernesto, qué pena con usted. Ya sabe cómo son las peleas de niños, y una como mamá no sabe ni para dónde hacerse.

Ernesto esbozó una sonrisa cortés y bajó la vista hacia Yolanda.

—Vámonos, señorita Aguirre, o la bebida perderá el punto y ya no sabrá igual.

De repente, a Yolanda le regresó el buen humor. Hacía apenas unos minutos estaba neceando con que no iba, y ahora preguntaba con auténtica curiosidad:

—Don Ernesto, ¿y de qué sabor la preparó el abuelo?

—De azahar —contestó el mayordomo.

Apenas estaban dando los primeros pasos cuando Claudia volvió a perder la sonrisa. Sus ojos se desviaron por inercia hacia los pedazos de vidrio en el piso. El líquido escurría por las losetas y un dulce olor a jazmín inundaba el aire.

—Mamá... —Valeria, con los ojos llorosos, le jaló un poquito el vestido a Claudia—. Yo no me quiero cambiar de cuarto.

Claudia cerró los ojos y le acarició la cabeza a su hija menor.

—El día que peses algo en esta casa, entonces vas a poder decirme qué quieres y qué no quieres.

Valeria empalideció y, al cabo de unos segundos, se asomó un dejo de rencor en sus ojos.

—Mamá, mi hermana lo hizo a propósito. La chantajeó enfrente de Ernesto y ya se le hizo costumbre faltarle al respeto.

Claudia bajó la mirada, inescrutable.

Por supuesto que sabía que Yolanda lo había hecho a propósito. Justamente por eso la situación le olía tan mal.

En los últimos años, había tenido a Yolanda comiendo de su mano. Para poder controlarla sin broncas, se había encargado de criar a una muchacha torpe y sin voluntad propia. Sin embargo, la reacción que acababa de tener no se parecía en nada a la de siempre. Si no fuera porque la había parido, hasta habría jurado que le habían cambiado a la hija.

—Valeria, ¿tu hermana se ha juntado con alguien nuevo últimamente?

Valeria hubiera dado lo que fuera por aprovechar la oportunidad para echarle tierra a Yolanda, pero tampoco se atrevía a mentirle a su madre. Agachó la cabeza, lo pensó un momento y negó.

—No. En la escuela nadie quiere acercarse a ella. Le hizo caso a usted y se la ha pasado detrás de Gabriela Torres, tratando de complacerla. Lo malo es que... a Gabriela le vale un reverendo cacahuate, nada más la usa para que le haga el trabajo sucio.

Qué bueno que no le hacían caso; solo así Yolanda seguiría aferrándose con uñas y dientes a las pocas personas que la trataban bien.

Claudia no dijo nada de eso en voz alta, pero pareció relajarse un poco. Si nadie le estaba metiendo ideas en la cabeza, entonces seguro era porque Carmen la había llevado al límite. Al final de cuentas, solo era una niña de doce años; era normal que de vez en cuando le saliera lo rebelde.

—¿Mamá?

Claudia le dio unas suaves palmaditas en la cabeza.

—Ya, tranquila. La verdad es que te fuiste de boca, así que tómalo como una lección. Tú no te apures, yo me encargo de meterla en cintura.

A Valeria seguía sin hacerle gracia y le echó una última mirada de nostalgia a la hermosa recámara en la planta alta...

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