El hombre aulló de dolor, pero rápidamente se puso en pie con las extremidades temblando, tomó la moto que seguía encendida y huyó como un cobarde.
Nicolás se debatió entre la idea de seguirlo o acercarse a la mujer que parecía inmersa en un ataque de pánico. Se dejó llevar por lo segundo y bajo del auto.
—Nicolás… —murmuró ella, sorprendida, mirándolo con los ojos muy abiertos y con una mano en el pecho, como si le costara demasiado procesar la conmoción. Y no era para menos.
—¿Estás bien? —indagó, acercándose y tomando su rostro entre sus manos.
El cuerpo de Regina temblaba como una hoja al viento, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas que no podía detener.
—¿Por qué… por qué lo atropellaste? —Quiso saber, angustiada.
—Ese hombre iba a matarte.
—¿Qué?
—Lo que escuchaste —explicó con calma, aunque por dentro sentía el miedo de lo que pudo haber pasado—. Vi claramente sus intenciones. Y no es la primera vez que te sigue.
—Pero tú…
—Lo siento, pero te he estado siguiendo también —confesó, aunque no se arrepentía de nada, porque de no haber estado presente, entonces ahora estaría muerta.
—¿Por qué? Te dije que…
—Eso no importa ahora —la silenció colocando un dedo en su boca—. Lo que importa es que alguien quiere matarte y necesito saber si tienes alguna sospecha.
Regina se estremeció ante la idea de que alguien quisiera verla muerta, pero aquello tenía bastante sentido. Recordó el accidente en el spa, la misteriosa llamada, la pérdida de su bebé… aquella no era la primera vez que vivía algo similar.
—No tengo una sospecha clara, pero creo que sí, alguien quiere matarme… no es la primera vez que atentan contra de mi vida —murmuró, con la voz apagada.
—¿Qué quieres decir?
—El bebé… lo perdí porque alguien me empujo de unas escaleras.
—¿Y por qué no me dijiste antes?
—Ya sabes por qué… —Se puso seria, ante el recuerdo de la última discusión que habían tenido.
—Regina, esto no es un juego —le reprendió con dureza.
—Ya puse la denuncia.
—¿Y qué pasó?

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