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Ex-esposa en coma: Abandonada a mi suerte romance Capítulo 45

Pero ahora, tirado en medio de ese callejón, se daba cuenta de que de nada había servido su meticulosa planeación. Todo había sido derrumbado por un cruel giro del destino.

Guillermo Stirling, el patriarca de esa infame familia, no había caído por sus manos. Un "viejo decrépito", como lo recordaba, se había marchado de este mundo por culpa de una enfermedad pulmonar, rodeado de sus seres queridos y siendo adorado por su única nieta.

Y Máximo Stirling, también había evadido su ira, muriendo junto a su mujer en un "accidente de avión". Ambos se habían escurrido de entre sus dedos, llevándose consigo la satisfacción de una venganza cumplida.

Y entonces la fortuna de los Stirling, su objetivo principal, había caído en manos de Regina.

La única hija de Máximo.

En un principio, su ahora esposa no había sido más que un daño colateral.

No estaba en su mira, no era su objetivo, pero había terminado en su foco de destrucción.

Así que si no podía vengarse directamente de los responsables de la muerte de su familia, entonces les robaría lo más preciado: su legado, su dinero. Y Regina, había resultado demasiado ilusa, demasiado ingenua, demasiado perfecta para su objetivo.

Y entonces se dio a la tarea de enamorarla.

Su “primer” encuentro había sido en el parque, donde ella pensó que se miraban por primera vez, donde ella creyó que conocía a un hombre bueno.

Lo que no sabía Regina era que ya llevaba bastante tiempo observándola, bastante tiempo planeando cómo acercarse sin levantar sospechas.

Y ese día fue perfecto.

Aunque él no había estado preparado para algo.

La vio allí, sentada en un banco de hierro forjado, absorta en el paisaje. Su expresión era triste.

Pero justo en ese instante se dio cuenta de que todas esas veces que la había visto desde lejos, todas esas fotografías que había analizado, no le hacían justicia a su belleza.

Su cabello rubio brillaba bajo el sol, enmarcando su rostro. Sus facciones, por otro lado, eran delicadas y sus ojos eran de un azul profundo, casi como el océano.

"Está bien para pasar el rato", se encontró diciéndose a sí mismo. Sorprendiéndose también con el pensamiento.

—Disculpa, ¿está ocupado este banco? —se acercó con una sonrisa ensayada y la confianza de que pronto caería en su trampa, exudando de cada uno de sus poros.

—No, no está ocupado —se sorprendió ella por su repentino acercamiento, aunque le correspondió el gesto con una tímida sonrisa.

Se sentó entonces, manteniendo una distancia prudente, pero lo suficientemente cerca como para iniciar una conversación con ella.

—¿Qué lees? —señaló al libro en su mano, el cual parecía una simple excusa entre sus temblorosos dedos.

Y así comenzó el juego de seducción que se había propuesto. Fueron horas de conversaciones, de risas forzadas, de coqueteos. En todo momento se mostró dulce y atento, escuchando con una paciencia que no poseía, preguntando sobre sus sueños y sus pasiones. Y descubrió muchas cosas sobre Regina, descubrió su dulzura, su inocencia, la cual era su mayor debilidad.

—¿Y tú, Nicolás? ¿Qué te apasiona? —preguntó ella una tarde, sus ojos azules llenos de curiosidad. Era como una niña pequeña ansiando averiguar más, descubrir todos sus secretos. Cosa que, lastimosamente, no le sería posible. Porque él no estaba dispuesto a abrirse a ella, no podía mostrar su verdadera personalidad. Solamente esa careta creada para agradarle, creada para hacerla rendir en su plan. Aun así, le dió una verdad a medias.

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