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Ex-esposa en coma: Abandonada a mi suerte romance Capítulo 50

—¡Estuviste fabulosa, Regina!

No paraba de decir Ismael, mientras abrían la puerta del auto. Su sonrisa era contagiosa, tanto que se encontró a sí misma sonriendo sin parar, tratando de ignorar el momento incómodo que habían tenido con Nicolás instantes antes.

—¡Realmente los dejaste a todos sin aliento!

—Gracias, Ismael. No sé qué habría hecho sin tu apoyo hoy —la verdad era que le gustaba muchísimo que hubiera decidido acompañarla. Parecía que era el único aliado que le quedaba en el mundo y eso, de por sí, ya era muy deprimente. Tan sola estaba, se dio cuenta entonces.

Una vez en el auto, la música pop llenó el espacio. Ismael subió el volumen y comenzó a cantar a todo pulmón, desafinando a propósito, haciéndola reír y animándola a soltarse, a cantar sin preocuparse, a ser ella misma. Así que no tardó en unirse a él, dejando que la música y la euforia del momento la arrastraran, olvidando a su marido, la sala de conferencias y todo lo que la atormentaba horas antes. Por unos minutos, el peso del mundo se disipó, reemplazado por la diversión de estar acompañada por un hombre tan amable y atento como lo era Ismael.

Luego fueron a un restaurante y comieron algo rico, todo parecía perfecto. Pero entonces la atmósfera cambió sutilmente cuando llegaron al departamento de Ismael.

Tenía que aceptar que tenía parte de culpa al acceder a pasar la noche en la casa del hombre. Pero el solo pensamiento de llegar a su propia casa y encontrarse con un enorme lugar vacío, no la animaba en lo absoluto. Así que pensó que necesitaba un par de copas más y quizás… algo más podría suceder entre ambos.

Con lo que no contaba era con el hecho de que todo se volviera tan intenso rápidamente. Apenas la puerta se cerró detrás de ellos. Ismael se giró y la tomó por los hombros, sus ojos mostraban una urgencia que no había visto antes.

—Regina… —murmuró, y sus labios se posaron en los de ella con apuro. Sus besos eran demandantes, llenos de un deseo reprimido que no podía seguir conteniendo—. Eres hermosa. Tan hermosa —le dijo entre besos, sus manos moviéndose rápidamente por su espalda, sus dedos ya estaban en el dobladillo de su blusa—. Estuviste increíble en la presentación. La mejor.

Ella intentaba relajarse ante su toque, dejarse llevar, pero sus manos se sentían demasiado ansiosas, sus toques demasiado invasivos.

Los besos de Ismael bajaron por su cuello, en una caricia húmeda y exigente que la hizo tensarse. Quería desvestirla ya, sin mucho preámbulo; parecía que quería hacerle el amor allí mismo en la entrada del departamento. Esto la halagaba y la descolocaba en partes iguales. Le halagaba saber que lo excitaba tanto, pero le descolocaba el hecho de su urgencia.

¿Acaso era virgen?

¿No había estado con una mujer en mucho tiempo?

¿O cuál era la verdadera causa detrás de esto?

No tenía una respuesta clara a esas interrogantes, lo único que sabía era que el pánico comenzaba a crecer en su pecho. Se sentía atrapada, el aire se le hacía más denso. No se sentía segura. Al menos no de esa manera, no con esa prisa.

—Espera —titubeó de forma ahogada. Puso una mano en su pecho y lo empujó suavemente, tratando de no ser demasiado brusca. Tampoco quería darle a entender que no le gustaba, solo necesitaba mayor lentitud, mayor romanticismo. En realidad, no tenía muy claro qué buscaba, pero ciertamente no era esto—. Podrías... ¿Podrías traerme un vaso de agua, por favor? —Era la misma excusa de la vez pasada, pero no sabía qué más inventar para apartarlo sin ofenderlo.

—Claro, mi amor —dijo él, recobrando la compostura. Y así se fue a la cocina. El alivio la inundó de la cabeza a los pies al verlo desaparecer. Necesitaba ese breve respiro para recuperar el aliento y las ideas.

¿Quería hacer esto?

La verdad era que sí, lo que no entendía era por qué no lograba sentirse cómoda.

Cuando Ismael regresó con el vaso de agua en su mano, ella bebió lentamente, intentando prolongar el momento, intentando poner distancia entre ellos, aunque fueran solo unos centímetros. Conversaron un poco más, sobre la presentación, sobre los planes de la empresa o sobre cualquier cosa que pudiera llenar el vacío y evitar que el ambiente volviera a la intensidad de antes.

Pero Ismael era persistente y no se rendiría tan fácilmente.

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