La noticia de la enfermedad de Alicia golpeó a Nicolás profundamente.
No dejaba de pensar en eso.
La preocupación era como una sombra que lo perseguía a cada paso que daba.
Así que cuando llegó a la empresa esa mañana, simplemente parecía más una marioneta que una persona en sí.
El bullicio habitual se distorsionó en su mente, junto con los rostros de sus empleados.
—Señor Davies, ¡el lanzamiento del proyecto ha sido un éxito rotundo! —informó su asistente corriendo detrás de él para alcanzarlo—. Los números son extraordinarios, la respuesta del mercado es increíble. ¡Superamos todas las expectativas!
Regina, quien se encontraba cerca, al oír la noticia sobre el éxito del lanzamiento, se acercó rápidamente, sintiendo una oleada de felicidad invadirla. Había trabajado incansablemente para eso. Así que se permitió una pequeña sonrisa. Pero su alegría se fue disminuyendo cuando detalló la expresión de Nicolás. El rostro del hombre estaba sombrío, pensativo, con una tristeza que no podía ni intentaba disimular.
«¿Le habría pasado algo?», se encontró preguntándose con interés. Pero no solo había interés, sino también sospecha, ya que nunca esperaba nada bueno de él; su experiencia le había enseñado a desconfiar. Pero esta vez, sentía que había algo diferente. Ya que no parecía estar tramando nada. Por el contrario, parecía genuinamente preocupado, perdido en sus pensamientos.
—¿Ocurre algo? ¿Estás bien?
La pregunta se escapó de sus labios antes de que se diera cuenta y, para colmo de males, su voz había surgido más suave de lo que pretendía. Pero ya estaba hecho, ahora necesitaba una respuesta.
—Eh... ¿En qué estamos?
De repente, fue como si el hombre hubiera aterrizado al planeta tierra. Su mirada se encontró con la suya por un breve segundo, luego parpadeó, como despertando de un sueño.
—Los números son favorables, Nicolás —repitió ella, con impaciencia. Debatiéndose entre la idea de si estaba actuando o verdaderamente algo lo estaba perturbando—. El producto se está vendiendo por encima de lo esperado.
Nicolás asintió lentamente, como si apenas lo procesara.
—Bien. Esas son excelentes noticias —se giró entonces hacia su asistente para dar instrucciones—. Necesitamos asegurarnos de que la producción pueda abastecer la demanda creciente. Que revisen la cadena de suministro, y preparen un informe detallado sobre la capacidad de expansión para mañana mismo —ordenó.
Una vez que el hombre terminó de hablar, se dio la vuelta sin más y se dirigió hacia su oficina, dejándola en medio del pasillo, sintiendo una extraña inquietud por su actitud.
«Algo no encajaba», pensó.
Siempre había un plan, una manipulación detrás de cada uno de los movimientos de Nicolás. Pero esta vez, la preocupación en sus ojos parecía demasiado real.

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