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Ex-esposa en coma: Abandonada a mi suerte romance Capítulo 80

Regina regresó al lugar que había comprado cuando despertó del coma. Era un departamento modesto, desprovisto de muebles, y con apenas lo necesario.

Pero se dio cuenta de que no necesitaba tanta riqueza. Miró a su alrededor y sintió paz. Porque sí, el sitio era pequeño y estaba casi vacío, pero contaba con algo más importante: era suyo.

Ahora, la gran pregunta era: ¿qué iba a hacer a continuación? No tenía ni idea de lo que quería en la vida, de lo que le gustaba o de qué trabajar. Su vida siempre había estado definida por la riqueza de su familia.

Ahora se daba cuenta de que la empresa más que un beneficio era una carga, una con la que no quería cargar más.

Aunque debía de reconocer que despojada de todo eso, se sentía a la deriva, pero también extrañamente libre.

A partir de ese momento podía hacer lo que quisiera, cualquier cosa. Así que decidió que buscaría trabajo en lo que fuera, cualquier cosa que le permitiera reconstruir su vida.

Ese mismo día, se sentó frente a su laptop, y sin el menor atisbo de lágrimas o tristeza, preparó su currículum con gran emoción.

Quería dedicarse a algo diferente, a algo que no tuviera que ver con tecnología.

Pero la preparación que tuvo durante años, le jugaba en contra, ya que las únicas oportunidades que conseguían eran en el área de computación. Hasta ahora ninguna de las alternativas le había tentado lo suficiente, hasta que le llegó una excelente oportunidad, con un buen sueldo y jugosos beneficios que venían de mano de la competencia de la empresa que ahora era de Nicolás.

¡Rayos!

Uno de los ejecutivos pidió entrevistarla personalmente, alegando que era una ironía de la vida que ella, precisamente ella, estuviera buscando empleo.

El hombre frente a ella le miraba con una sonrisa intrigante. Sus ojos no dejaban de analizarla, como si no pudiera creer lo que estaba viendo. Aparentó revisar el currículum, mientras le echaba otro vistazo por encima de la hoja.

—Juro que esto tiene que ser una puta broma —dijo, soltándose a reír.

—Si me citó aquí para burlarse de mí, lo mejor será que me vaya —se puso de pie, sintiéndose indignada por tal humillación.

—No, nada de eso. Siéntese. Siéntese —apremió adoptando un gesto más serio.

—Lo escucho —dijo ella, enderezándose en su silla. No se iba a dejar menospreciar de esta gente.

—Mire, no le voy a negar que esto es una gran sorpresa para nosotros. No todos los días tenemos a la CEO de la competencia pidiendo empleo en nuestra empresa, pero entiendo sus motivaciones, el coma que sufrió, y todo el tema del divorcio. Por eso quiero ofrecerle una oportunidad, una de la que le aseguro que no se va a arrepentir —ofreció, tendiéndole una mano grande y varonil.

Regina dudó un instante antes de estrechársela y perderse en esos ojos marrones.

[…]

Nicolás intentaba llenar el vacío que había dejado Regina, ahogándose a punta de alcohol y trabajo. Ahora, con el proceso de divorcio y la ausencia de ella en la empresa, necesitaba retomar las riendas de todo.

Sorprendentemente, Alicia no se opuso a su regreso al trabajo. Al contrario, con una sonrisa le dijo que se sentía mucho mejor, lo suficiente como para que él pudiera ir a trabajar con confianza. Su aparente mejoría le había permitido dedicarse a los asuntos urgentes que había desatendido.

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