—No.
Izan se recargó en el respaldo, se frotó el entrecejo, apagó la computadora y se puso de pie.
—Vámonos.
Cuando regresaron a casa, el personal ya tenía lista la cena.
Después de cenar algo ligero, Izan volvió al estudio para seguir trabajando.
Clara se quedó un rato en la sala viendo una serie. Se sirvió un vaso de agua y, de paso, sacó el frasco de medicina del gabinete. Se lo tomó con el agua.
—¿Estás tomando medicina? ¿Qué traes? ¿Te sientes mal?
La voz de Izan sonó de pronto detrás de ella.
A Clara se le fue el aire por un segundo. Se volteó para verlo y contestó, tranquila:
—Últimamente traigo el estómago medio delicado.
Izan se acercó y se sirvió un vaso de agua.
—¿Ya fuiste al doctor?
Recordó la excusa que Clara había puesto en la comida y no sospechó nada.
—Sí, ya fui.
—Qué bueno. De aquí en adelante, cuida más tu salud.
Al escuchar ese tono de preocupación, Clara asintió apenas. Por dentro, se le hizo un nudo en la garganta.
***
A la mañana siguiente, Clara despertó por el timbre del celular.
Abrió los ojos, todavía atontada, tanteó el teléfono en el buró y contestó:
—¿Bueno?
Del otro lado, su asistente sonaba desesperado:
—¡Directora Ramos, qué pena, pero métase a tendencias ahorita!
—¿Qué pasó? —preguntó Clara, mientras prendía la tablet a toda prisa.
Le explotaron las notificaciones por todos lados.
—Tomaron fotos del señor Salazar con la señorita Gómez.
Apenas lo dijo, Clara ya había entrado a ver.
Como Clara no respondía, el asistente preguntó en voz baja:
—Directora Ramos… ¿qué hacemos?
—Contacta al equipo de Rebeca. De momento, nada de comunicados. Yo llego a la oficina y lo vemos.

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