En uno de los salones privados de la zona este, en el tercer piso del Restaurante Solsticio.
Valeria, luciendo un espectacular vestido largo de alta costura, estaba sentada en la mesa principal, aceptando los halagos de todos con una enorme sonrisa.
—¡Valeria, te ves increíble hoy!
—Ese vestido lo usó mi cantante favorita. ¡Cuesta casi diez mil en la tienda oficial!
—¿Qué? ¡Con eso pago mis gastos de varios años!
Sus compañeros del grupo hablaban emocionados sobre lo deslumbrante que lucía Valeria.
Las miradas de muchos chicos se volvieron aún más ardientes.
Aunque Valeria era solo una estudiante, durante las vacaciones había trabajado como modelo, y un corto video subido por un fotógrafo la había vuelto viral.
Su rostro angelical atrajo a miles de seguidores de la noche a la mañana. Abrió su propia cuenta en TikTok y en menos de dos meses superó los trescientos mil seguidores, convirtiéndose en la celebridad de la escuela.
Antes de llegar, había ido con un estilista para que le hiciera un peinado recogido y juvenil, dejando un par de mechones sueltos enmarcando su rostro. Sacó la lengua en un gesto adorable.—Ay, esto me lo compró mi mamá. A ella le fascina regalarme vestidos lindos, ni idea de cuánto costó.
La señora Montes, que llevaba un elegante vestido largo, le pellizcó suavemente la mejilla.—Eres mi princesa, por supuesto que te voy a comprar las mejores cosas del mundo.
—Valeria, literalmente eres una princesa.
—¡Claro que sí! Eres preciosa, sacas buenas notas, tienes dinero, un montón de seguidores en TikTok y tus papás te consienten muchísimo. Si eso no es ser princesa, entonces no sé qué es.
Valeria se sonrojó.—Basta, ya dejen de chulearme tanto. Hoy los invité para que pasemos un buen rato y disfrutemos del pastel.
Su mejor amiga se apresuró a añadir: —Valeria mandó a hacer un pastel de diez pisos súper especial. ¡El relleno está hecho con frutas importadas! Así que tienen que probarlo.
—¡La reina de la escuela siempre tan generosa! —gritó un chico desde la mesa contigua.
Ese apodo hizo que Valeria se pusiera roja como un tomate. Miró al chico fingiendo molestia.—¿Cuál reina de la escuela? ¡No digas tonterías!
Apenas dijo eso, las puertas del salón se abrieron de golpe.
Todos se quedaron en silencio y voltearon.

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