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Fuera de las Páginas, Dentro del Destino romance Capítulo 8

César, con una mano metida en el bolsillo, soltó un bufido de desdén.—¿Y qué tiene de bueno?

—Pues... para empezar, es más bonita que la tal Valeria. Además, no se cree la gran cosa, invitó a todos a comer sin conocernos y... bueno, ¡se nota que tiene muchísimo dinero!

César pasó la lengua por sus colmillos.—Tiene pésimos gustos.

El pelirrojo se quedó mudo.

¿Quién en su sano juicio insulta a alguien por fijarse en él mismo?

——

En su vida pasada, Niebla solo sabía que César se la pasaba todo el día callejeando con una bola de vagos.

Era un caso perdido que se había entregado a la rebeldía, y nadie lograba hacerle entrar en razón.

Sin mencionar que, en ese entonces, toda la energía de Niebla estaba enfocada en Sebastián.

Pero al interactuar con ellos hoy, se dio cuenta de que estos vándalos solo tenían una forma muy peculiar de vestir, pero en el fondo eran unos muchachos bastante nobles y honestos.

De hecho, estaban tan apenados al ver el menú que no se atrevían a pedir casi nada.

Cuando el menú volvió a manos de Niebla, ella arqueó una ceja.—¿Ocho platillos? ¿Seguros que con esto se llenan?

—¡Sí, súper seguros!

—Solo queremos probar, con eso estamos más que bien.

Cada platillo en este lugar costaba una pequeña fortuna. Estos chicos, que venían de familias trabajadoras, jamás en su vida habían pisado un restaurante de tanto lujo.

Niebla no dijo más y, sin miramientos, pidió diez platillos extra.

—Oiga, preciosa, ¿cómo dijo que se llamaba? —preguntó el pelirrojo con cortesía, sirviéndole un vaso de agua.

—Gracias —dijo ella—. Soy Niebla Vargas.

—¿Vargas? —El pelirrojo se sorprendió—. ¿Igual que César?

—Así es.

—¿De dónde salió su nombre de Niebla?

—De la niebla espesa que no te deja ver.

Niebla había nacido a las seis de la mañana. Aquel día, la madrugada estuvo cubierta por un banco de niebla tan denso que las noticias locales habían lanzado alertas climáticas.

Estrella, acostada en la cama del hospital, se quedó mirando el paisaje grisáceo a través de la ventana y decidió llamar «Niebla» a la bebé que sostenía en sus brazos.

La pandilla multicolor resultó ser muy amigable y habladora. Para cuando iban a mitad de la comida, todos ya la llamaban Niebla con muchísima confianza.

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